Poco después tomo a un taxi a casa… estaba considerando que las últimas batallas, con su corazón se estuvieran disolviendo, eran sentimientos que se convertían en marañas intangibles, ya no se veían y el campo de la batalla en su corazón, asesinando a los demás soldados donde por un lado la necesidad de besarla y estar con ella, se abría camino por entre las tropas de resistencias, pero él era fuerte, casi como nadie, y no iba a dejar que las tropas de la necesidad ganaran la guerra. Tenía un arma especial. Aleisha era la clave para ganar la guerra en su corazón.
Así dejo paso entre sus sentimientos a la soledad.
Curaba ciertas cosas.
Como la necesidad controlando el cuerpo, por la misma razón había ido a la montaña.
Pero parecía que sus esfuerzos solo estaban siendo en vano, Martha estaba muy pegada en su corazón. Y los sentimientos volvieron al ver su tez clara, que veía cada mañana cuando despertaba y jugaban entre las sabanas. Como iba a luchar contra una rendición muy probable.
Moraba en su interior un festival de emociones, que desfilaba hasta perderse en la cabeza. Por necesidad él tuvo que destapar una botella, no encontraba como conseguir un poco de paz en su corazón turbado.
Una copa para la depresión.
Una copa para la desesperación.
Pero no del todo era malo.
Miro atentamente por la mirilla del telescopio.
Alié estaba ella, como siempre arreglada y bonita, sentada en uno de sus muebles con una cobija encima y además la Tablet entre sus manos. Atentamente miro desde la oscuridad, a su única arma para no caer en guerra. Sentada leyendo algún libro. Era siempre de esa manera. Bella delicada inocente.
Desde luego su oscuridad, se convirtió en una aurora de luz amarilla.
Quería olvidar temores pero con ella.
Posiblemente era la única cosa que le proporcionaba una cálida estancia en su casita, un calor de ella, no precisamente contacto con su cuerpo, sino llamas que brotaban de la nada, solo para apoderarse de su cuerpo, era su valkiria aquella que lo cuidaba, y para ser preciso le gustaba que ella fuera tan dulce con él, era la manera en la que pensaba que lo trataba aunque necesitaba un tercer ojo para conocerla en realidad, pero desde que conoció a Aleisha, simplemente no se la podía sacar de su cabeza, aun cuando Martha estaba batallando en su interior.
Por una pisca de posibilidad, pero tampoco le daba el beneficio de la duda. No le daba nada. No quería nada.
Se acostó en la cama, estaba cansado.
El día había sido largo.
Posiblemente estaba algo alterado.
El mes pasaba rápido, también tenía algunas cosas que hacer antes de que la fiesta llegara, aun no sabía si iría. Pero quería tener más respuestas de Martha, no solo con su respuesta se iba a saciar. Tenía que buscar aquella respuesta con suspicacia, tenía que encontrar el motivo de hace tres años.
Aunque fuera una estrella en la noche.
Él era el que tenía el poder de tomarla con las manos y bajarla a su lado.
Solo él.
Nadie más.
La mañana siguiente fue a la casa de Aleisha. Toco dos veces, aun parecía que estaba dormida, pero luego de algunos pasos pequeños en la cocina ella abrió la puerta. Estaba en ropa de dormir, y no precisamente un pijama.
—Buenos días vecina.
—Buenos días Vecino.—Dijo entre bostezos.
Él se acomodó en la casa, Aleisha le permitió pasar.
La chica no contestaba con buena gana, odiaba que la despertaran. Pero él se acercó y le dio un abrazo sutil.
—Anímate estas levantándote el día va a empezar. —Bostezo nuevamente— sabes estaba pensando, necesitas trabajo no. Entonces creo que puedo conseguir algo, pero no sé si es de tu gusto.
—¿Qué es?—Se animó más.
—Como secretaria
—Me parece perfecto.
—AL ver tus ganas, entonces tendré que decirle a mi amigo que te guarde el puesto, tendrás que trabajar toda la sema a partir del lunes. Ya tendrá que levantarte un poco más temprano.
—Lo hare.
Alex pensaba que estaba siendo directa solo porque tenía un sueño inmenso que estaba cubriendo su cuerpo haciéndolo tambalear.
Esbozo ella una sonrisa dulce. Con la claridad de la mañana y la casa sola, y su bello tez recién levantado, a Alex se le fue imposible quedar hipnotizado y mostrar una aparente erección que estaba por subir en su pantalón.
Entonces se inclinó un poco para disimularlo.
—Ayer en la noche vine. Pero no estabas.
—Trabajaba. Donde mi tía, ya te dije que los jueves y los sábados lo hago.
—Si lo recordé. Bueno solo venia para decirte eso, te escribiré la dirección y el nombre de mi amigo en un papel.
Escribo en un papel las indicaciones.
Le dio tiempo para ir a vestirse.
Él estaba a punto de dejar la casa pusilánime.
—Espera.—Dijo Aleisha.— vienes en la tarde. Quiero ver algunas películas.
—Posiblemente lo haga.—Esbozo una sonrisa.
—Ven.—Casi que suplico ella.
—Lo intentare vale.
Ella alzo la mano, para tomar la de Alex, logro estrecharla por unos segundos, sentía el calor, y además el peso perfecto. Sentía el alma de Aleisha tocando su corazón. Quemaba como el fuego.
Sin darse cuenta él se abalanzo sobre la chica, y la estrecho sobre la sus largos brazos, sintiendo el cálido cuerpo en su barriga. Aleisha no hacía nada, segundos después también abrazo al hombre.
Que más que un abrazo pasional para empezar el día.
Sentían el éxtasis.
Sentía placer.
Sentía todo.
Aleisha tuvo la necesidad de separarse un poco, hasta que consiguió respirar, aunque disfrutaba el abrazo, también detestaba que la gente la apretara tanto, un pequeño error de cálculo por parte del muchacho.
—Vale. Te esperare. Veremos algo de terror. Hasta que nuestras tripas queden por fuera de nuestros cuerpos.
—Tanto así no chica, tanto así no.
El hecho una leve carcajada.
Poco después abandonó la sala. Y se fue perdiendo entre los caseríos.
Aleisha estaba cada vez más excitada, nunca nadie le había dado semejante abrazo. Desde que era chica, desde que no pudo más contener las ganas de perder la virginidad, desde ese tiempo nadie le había hecho sentir algo parecido, un fuego ardía en su interior, el cuerpo del muchacho, duro por sentimientos, pero también duro por físico, estaba calando en su mente como una copa de vino afectando a su cordura. Sentía una colisión de anexos en su mente, recuerdos, pero nada le recordaba a lo que este hombre estaba haciendo completamente. Un abrazo puro, real sofisticado, que se sentía pero se adoraba también, era como algo de otro mundo.
Estaba sintiendo temor.
Era de esperarse, una colisión de tal magnitud solo generaba un sentimiento más fuerte entre ellos, sentía miedo, estaba por enamorarse de él, pero no lo había juzgado aun, no sabía si era alguien que solo la quería para tener dos encontronazos y más nada, entonces tenía que aprender de él, un poco más, esta noche pondría otra prueba, antes de salir a una cita. Confirmar aquellos sentimientos iba a ser difícil, estaba complacido, porque tenía una buena forma de ver, al mundo. Ya sabía que ella no era el problema de no poder llegar a generar amor, o sentimientos que parecían extraños. No era ella.
Estaba sintiendo amor.