Slim, sin habla, miró fijamente a James. No había oído llegar al hombre, ni subir las escaleras, pero al ver que Slum estaba allí, James desvió la mirada, dirigiéndola al interior del cuarto de Emily. —Casi es un alivio que se haya ido —dijo James con tristeza. La manera de hablar arrastrando las palabras denotaba que se había automedicado—. Era siempre tan difícil mantener la farsa. —¿Qué farsa? ¿De qué habla? —Quiero decir, cuando era más joven todo iba bien, porque nos necesitaba, pero cuando llegó a la adolescencia… se encerró en una jaula y no pudimos escucharla. Solo ese… enfado constante. Nunca quise tener hijos, ya sabe. Para empezar, creía ser demasiado viejo y así fue. Emily y yo nunca conectamos. Fue todo por Georgia. Siempre por Georgia. Siempre para hacerla feliz. —Buscaba

