29

1339 Palabras
La tarde se mandaba con toda sobre la mansión, y nosotros, re copados con el día, decidimos recorrer los rincones más escondidos de la propiedad. Estábamos todos ansiosos por ver qué sorpresas más nos tenía preparadas el lugar. Agarramos un sendero que nos llevaba a un invernadero antiguo, repleto de enredaderas y flores re zarpadas. El camino iba entre árboles y arbustos, re piola para descubrir cosas nuevas. Cuando llegamos al invernadero, nos voló la cabeza la belleza del lugar. Las enredaderas armaban un espectáculo de colores, y las flores tenían un olor que te volvía loco. Sarah, que le copan las plantas, se mandó a identificarlas y compartir lo que sabía. Nos contaba de dónde venían, cómo cuidarlas, y hasta los significados que tenían algunas. Se mandó un viaje con la onda de la naturaleza. Mientras tanto, Lucas descubrió una fuente re vieja, tapada de musgo y rodeada de bancos de piedra. Nos hizo señas para juntarnos y escuchar el agua que caía suave. Camila se sentó al lado de la fuente, cerró los ojos y se dejó llevar por el sonido. La onda fresca del agua nos regaló un momento para parar la bola y relajarnos. Alejandro, siempre re buitre, encontró un sendero que se iba para un bosque. Nos re tentó a seguirlo, y terminamos en un lugar con mil rincones escondidos. Cuando llegamos a un claro, nos mandamos un alto stop. Disfrutamos del sol que se filtraba entre los árboles y de la paz del lugar. Amaya se sentó en un tronco y re flasheaba con el baile de las hojas. Había una tranquilidad re linda que le permitía pensar en todo lo que habíamos vivido juntos. La tarde iba cayendo, pero el tiempo parecía frenarse en ese claro del bosque. Charlas re piolas, compartiendo sueños, ideas sobre lo que venía. Todos re comprometidos con encarar lo que se venga. El sol, que bajaba en el horizonte, pintaba el cielo con colores re locos. Nos quedamos re boquiabiertos, re agradecidos por la belleza del mundo. Volviendo a la mansión, nos juntamos en la sala para contar nuestras aventuras. Risas y sonrisas por todos lados, todos recontra contentos de haber vivido eso juntos. La tarde se nos iba en la noche, pero seguíamos con la onda de explorar, de conectarnos, de estar re agradecidos. Nos despedimos con la promesa de más descubrimientos por delante, todos re contentos por el día que habíamos tenido. Básicamente, va de un grupo de amigos re unidos: Camila, Amaya (que al principio se hacía llamar Emma), Adam, Alejandro, Lucas, Sarah y la otra Emma. Onda, Amaya se mandó una amnesia y se hizo pasar por Emma pa' esquivar a su prometido, Adam, que andaba buscando a su novia desaparecida, Emma. Mientras, Camila le cuidaba la espalda a Amaya/Emma en la mansión mientras recuperaba la memoria. A lo largo de la historia, se sueltan bombas del pasado, onda la posta de quién es en realidad Amaya y los lazos que hay entre los personajes. Juntos, encaran un montón de dramas emocionales y sacan fuerza de su amistad para superar cada drama que les cruza. El team arranca un viaje re profundo, explorando los lazos que los atan mientras encaran verdades que duelen. A medida que avanza la historia, se meten de lleno en la aceptación y el perdón, re construyendo su futuro con base en la posta y el apoyo mutuo. Entre aventuras en la mansión y sus alrededores, momentos de emoción a full y paradas para reflexionar en la naturaleza, los amigos re forjan su conexión, encuentran esa paz interior y se copan en la idea de escribir nuevos capítulos en sus vidas. Todo por la esperanza y la amistad que comparten. ¡Un viaje con mucha onda! ¡Claro! Aquí tienes una versión más informal y conversacional del comienzo del primer capítulo: --- Amaya se encuentra en una habitación que no le suena de nada, los ojos se le abren poco a poco, y la confusión la tiene abrazada. Se sienta con cuidado, todavía sintiendo la amnesia haciendo eco. Al lado, ve una figura conocida en la penumbra: ¡es Camila, su amiga desde siempre! "¿Dónde ando, che?" Las palabras salen con pila de incertidumbre de su boca. La pieza queda re silenciosa y rara hasta que Camila suelta una sonrisa re tranquilizadora. "Tranqui, estás a salvo, Amaya. Estás en la mansión", le responde Camila, poniendo cuidado en cada palabra mientras se va acercando. "Te pegaste un golpe pero ¿volviste a perder la memoria?. ¿No te acordás de nada?" Amaya asiente, una mezcla de miedo y confusión en sus ojos. Ya que no recordaba nada. Habia vuelto a perder la memoria. La habitación le parece medio conocida, pero los recuerdos se volaron de su mente. Camila se sienta a su lado, dándole una mano para tranquilizarla. "La banda que está en esas fotos, somos tus amigos, Amaya. Estamos acá para ayudarte a recordar todo", dice Camila con re buena onda. Las paredes tienen fotos de un grupo que se ríe, se siente una conexión en el aire. Amaya se agarra a la esperanza de encontrar pistas en esas fotos desparramadas por la pieza. De fondo, escucha un murmullo bajito que parece chocar contra las paredes de su mente, pero no puede entender qué es. Intenta acordarse pero solo le clava punzadas en la cabeza. "¿Cómo me llamo?", la pregunta se pierde en la niebla de su mente, desesperada por respuestas que no llegan. Camila se acerca con ternura, tiene una mirada que mezcla tristeza y esperanza. "Sos Amaya, aunque por un tiempo te hiciste llamar Emma. Pero eso vas a tener que descubrirlo por tu cuenta". Con la promesa de que la van a bancar en todo, Amaya arranca su viaje para recuperar sus recuerdos, escudriñando cada rincón de la pieza buscando pistas sobre quién era antes de perderse en el olvido. Amaya se sumerge en un torbellino de recuerdos borrosos. Entre sueños inquietantes y destellos de imágenes difusas, lucha por darle sentido a la nebulosa de su memoria. La mansión se convierte en su refugio, sus habitaciones ahora un lienzo en blanco esperando ser llenado con fragmentos de su pasado. Fotografías dispersas en estantes polvorientos y objetos olvidados despiertan destellos de familiaridad. Una noche, envuelta en una manta frente a la chimenea, un sueño la lleva a una escena borrosa. Una figura masculina, una risa contagiosa. Un sentimiento cálido se arraiga en su pecho, pero se desvanece antes de que pueda entenderlo. Camila, observando la lucha interna de Amaya, la guía amorosamente a través de estos momentos fragmentados, sosteniendo su mano mientras se sumergen en los susurros del pasado. "Recuerda, Amaya, tú solías amar el jardín trasero", señala Camila, llevándola hacia un vergel oculto detrás de la mansión. Los pétalos de las flores bailan con la brisa, evocando una calidez reconfortante en el corazón de Amaya. Entre las flores, un destello de algo enterrado en lo más profundo de su memoria. Un eco lejano de risas infantiles y conversaciones entrecortadas. Los recuerdos comienzan a tomar forma, pero siempre se desvanecen antes de que pueda agarrarlos por completo. Desesperada por respuestas, Amaya comienza a llevar un diario. Cada página se convierte en un santuario para los recuerdos fugaces, los sueños evasivos y las emociones encontradas. "¿Por qué siento que hay algo más, algo que se escapa de mi alcance?" murmura Amaya, su voz cargada de frustración mientras cierra el diario, sus ojos buscando respuestas en el horizonte. Camila la abraza con ternura, reconociendo la lucha interna. "La memoria es un laberinto complicado, Amaya. A veces, las respuestas se revelan cuando menos las esperas". La noche cae sobre la mansión, pero el fuego dentro de Amaya sigue ardiendo. Sabe que la clave para desentrañar su pasado yace en los fragmentos de recuerdos que aún se escapan de su alcance. Con un suspiro, se sumerge en un sueño inquieto, anhelando encontrar la llave que desbloquee la puerta que oculta sus memorias más preciadas. ---
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR