¡La oscuridad se mandaba su show en el horizonte, cubriendo todo con su manto de sombras! La mansión, re imponente, escondía sus rollos entre esas paredes antiguas. Las luces en las ventanas eran como destellos re piolas en medio de la noche.
¡Re flasheada esa escena con las estrellas pintando el cielo y dándole un toque místico al asunto! La noche estaba tranqui, y la mansión parecía sumida en un silencio misterioso.
Estaba en el living, rodeada de muebles de otra época y cuadros que tenían pinta de tener mil historias. Las sombras bailaban gracias a las velas, y todo era una onda introspectiva.
El reloj marcaba las horas a su ritmo, y mi cabeza era un quilombo de pensamientos. Cada tic-tac del reloj era como una alarma de que tenía un montón de cosas en la cabeza.
El fuego de la chimenea sonaba como un murmullo reconfortante, ¿me entendés? Como si quisiera soltar los secretos que estaban guardados. Me metí en mis pensamientos, todo un lío de emociones y preguntas.
La mansión parecía hablar por sus rincones, ¿viste? Como si cada parte tuviera algo para contar del pasado. Había como una expectativa en el aire, como si la noche tuviera las respuestas que estaba buscando.
Los lugares oscuros de la mansión parecían ser un espejo de mi quilombo emocional. Cada paso resonaba en el piso, como si fuera la única respuesta que iba a tener esa noche.
Cada detalle de la mansión tomaba vida en la penumbra, creando esa onda donde el pasado y mis pensamientos se mezclaban. Las sombras jugaban con la luz de las velas, mientras mi cabeza trataba de encontrar claridad en medio de tanto misterio.
El reloj seguía su marcha, marcando que la noche era el momento para mis reflexiones más profundas. Me metí en un viaje interno, buscando pistas en los susurros de la noche, con ganas de resolver los enigmas que la mansión escondía.
Las estrellas brillaban en el cielo, re pícaras como guiándome en ese viaje introspectivo. La noche era como una invitación a adentrarme en un viaje donde las respuestas parecían estar escondidas en cada rincón oscuro.
Al final, el sueño me fue ganando y me mandé a dormir, esperando que la luz de la mañana me trajera nuevos caminos para resolver los secretos que la noche había soplado. ¡A dormir se ha dicho!¡Llegó el nuevo día, iluminando la mansión con la onda dorada del sol que despertaba! La luz se metía por las ventanas, echando fuera las sombras de la noche. Estaba en la cocina, arrancando mi día con una taza de café.
Justo mientras servía el café, Adam apareció por sorpresa. "¡Buen día, Amaya!", me saludó con buena onda.
"¡Hey, buen día! ¿Cómo estás después de la noche?", le tiré la pregunta.
"Un poco cansado, pero zafando. ¿Vos?", se interesó, sirviéndose café.
"Relajada. A pesar de todo, creo que dormí un toque más tranqui", le dije, aunque no era del todo verdad.
"Es normal con todo lo que pasó anoche. ¿Pudiste descansar?", me preguntó con ganas de saber.
"Sí, me di un respiro. Necesitaba un rato para aclarar ideas", comenté, dándole un trago al café.
"Si precisás hablar o algo, contá conmigo", me dijo re amable.
"Gracias, Adam. En realidad, hay algo que me intriga", solté un poco dubitativa.
"Claro, decime", dijo dejando la taza sobre la mesada, re metido en la conversa.
"Anoche, en la sala de juntas, hablabas de Emma. ¿Qué onda con ella?", le solté la pregunta con curiosidad.
Adam pareció pensarlo un segundo antes de contestar. "Emma es mi prima y está metida en un tema que, de algún modo, parece conectar un montón de cosas que no termino de entender", trató de explicar buscando las palabras justas.
"Claro, claro", asentí, tratando de ocultar mi quilombo mental. "Me está re preocupando todo esto, ¿che? Siento que me faltan datos importantes", confesé con toda la posta.
"Lo entiendo. Estamos todos lidiando con situaciones complicadas que nos afectan de formas distintas", tiró como reflexionando.
"Claro...", musité, re pensativa con lo que dijo. "Y, ¿qué onda con Aldana?", lancé otra pregunta, necesitaba entender más.
Adam se lo pensó un toque, me miraba en serio pero con cuidado. "Aldana es alguien re importante para mí. Hay una historia fuerte entre nosotros, pero también estamos atravesando cosas complicadas. Creo que ahora necesitamos tiempo para entender cómo nos sentimos y cómo encajamos en nuestras vidas", soltó, escogiendo bien las palabras.
"Claro, entiendo", le dije, aunque mi mente seguía luchando con un montón de emociones y preguntas sin respuestas.
El día siguió, charlas cortas pero intensas. La mansión estaba como en otra, como si la luz del día trajera esperanza en medio de tanto lío.
La tarde llegó tranqui, pero yo estaba re intrigada y enredada en lo que hablé con Adam. Cada minuto que pasaba parecía meter más en la intriga y confusión que sentía por dentro.
El sol pegaba fuerte al mediodía, inundando todo con su calor. En el jardín de la mansión, todo estaba re tranqui. Me mandé a caminar para despejar la cabeza después de hablar con Adam. Los rayos del sol me daban en la cara mientras me movía por los senderos llenos de flores.
Avanzaba hasta el centro del jardín, donde estaba una fuente de mármol. Los pájaros cantaban, dándole onda al lugar. De repente, sentí una brisa que, mezclada con el sol, armaba un jueguito de luces y sombras copado.
Mis pensamientos no estaban tan en paz como el jardín. No paraba de pensar en lo que había dicho Adam. ¿Por qué mencionaba a Emma? ¿Qué onda ella en todo este quilombo? Me sentía como en un rompecabezas sin la imagen completa.
Cerré los ojos un toque, sintiendo la brisa en la cara. Ahí se me vino la imagen de Adam, su mirada preocupada y su tono re pensativo. ¿Había algo más detrás de sus palabras o solo trataba de explicar algo complicado?
De repente, un ruido me sacó de mi trance. Era Camila regando las plantas cerca. "¿Cómo andás, Amaya?", me tiró con una sonrisa, viendo que estaba en la luna.
"Tranqui, gracias", le contesté con una sonrisa chiquita. "Solo tratando de aclarar algunas cosas", le dije, explicándole mi lío mental.
"Si querés hablar o algo, estoy acá", me dijo con re buena onda.
"Gracias, Camila. De verdad se agradece", le dije, recontra agradecida por su apoyo.
Seguí caminando, dejando que la tranquilidad del jardín me ayude a ordenar mis ideas. Cada flor, cada rincón del lugar parecía contar su historia, un toque de paz en medio del enigma que tenía en la cabeza.
Así pasó el mediodía entre el viento y la calma del jardín. Mis preguntas seguían ahí, pero sentía que estar en este lugar me ayudaba a lidiar con el quilombo de emociones que tenía por lo de Adam.