La tarde se ponía re linda, el cielo se pintaba con unos colores de locos. Decidí mandarme al patio trasero de la mansión, a ver si encontraba un poco de paz para desenredar mi cabeza llena de preguntas. El atardecer ya empezaba a pintar todo, las sombras se hacían más largas en el suelo. Me paré al lado de una fuente re vieja y me puse a escuchar el agua mientras el viento soplaba. Era como si la naturaleza quisiera darme una mano, abrazándome con su calma. Me senté en un banco de piedra, viendo cómo las luces y las sombras se movían por todos lados. En mi cabeza, las palabras de Adam no paraban de sonar. La cosa de Emma seguía siendo un misterio, como una pieza que faltaba en mi rompecabezas mental. La puerta de atrás de la mansión se abrió despacito, y apareció Adam caminando tranqui

