5

586 Palabras
"Oh, vaya", comenté decepcionada. "Sin embargo, puedo recetarle algo según lo que tenga", propuso. Entonces le di la receta de mis lentes. Analizó la receta y dijo: "Aunque no me lo crea, tengo unos lentes exactamente con estas indicaciones, pero son de otro color". "No importa", respondí, y él asintió. Me miré al espejo y me sorprendí. Nunca me hubiera imaginado con ojos azules, ya que los míos eran marrones y muy comunes. "¿Y qué nombre te pondrás?", preguntó mi amiga al verme. "No lo sé", respondí encogiéndome de hombros. Saqué mi dinero con una mueca, odiaba gastar. Preferiría gastar menos y ahorrar más para la universidad. De pronto, una tarjeta se deslizó sobre mis hombros, era de Camila. "Yo los pagaré", murmuró, pero negué con la cabeza. "No, claro que no. Ya hiciste demasiado al traerme hasta aquí y gastar combustible", le dije. "De verdad, no es nada para mí, en serio", insistió ella. Suspiré. "Amaya, sé que estás ahorrando para la universidad, y no quiero que gastes de esa manera". Decir esas palabras me hizo sentir como si mi alma entera se quebrara. Me acerqué y la abracé. "Gracias, Cami". "De nada. Después me preparas uno de tus bizcochos deliciosos y estamos a mano", dijo con alegría. Regresamos al vehículo y recorrimos el mismo camino hasta llegar frente a la casa. Nos bajamos las dos y ya tenía mis gafas entre mis manos. Me pondría los lentes solamente para ver a Adam. Suspiré, nervioso, y Camila me entregó un vestido rojo ceñido al cuerpo. "Dice que no es tan formal", mencionó. "Significa que tienes que ir muy guapa", añadió. Nunca me había puesto algo tan ajustado. Me vi en el espejo con el pequeño vestido frente a mí, apenado por María. "Hay que probárselo y ver cómo queda, no te preocupes", animó Camila. A ella le encantaba la moda y comprar ropa, mientras que a mí me gustaba tener lo básico. Por eso siempre pedía ayuda a Camila para vestirme. Suspiré cuando Camila me dejó solo en la habitación y comencé a cambiarme. Me sorprendí al ver mi pequeña cintura y mis anchas caderas que delineaban mi figura de reloj de arena. Toqué mi cabello suelto hasta atrás. "¡Camila!", llamé fuerte para que entrara. "¡Estás maravillosa!", exclamó alegre al verme. "¿Tú crees?", pregunté dubitativo. "Te ves preciosa. Voy a hacerte unos bucles en el cabello y listo", respondió. "Está bien. ¿Me tendría que maquillar, verdad?", consulté. "Claro que sí, yo me ocuparé de todo eso", afirmó. Una hora más tarde, me miraba al espejo tratando de reconocer a esa chica tan guapa frente a mí. Era increíble el cambio que había logrado con solo peinarme y maquillarme. Parecía otra persona. Siempre había sido recatado y nunca me había gustado llevar cosas tan ajustadas como este vestido, pero ahora dudaba de mis gustos. Me sentía hermoso, sensual y atractivo. "Gracias", dije, agradecido. "Bueno, gracias a ti", respondió Camila sin decir mucho. Fue ella quien me llevó a mi cita. Estaba tan nervioso que mi pie derecho no se quedaba quieto. "Gastarás tus tacones", bromeó Camila. Suspiré. Y si se da cuenta de que soy yo? - pregunté aterrada, y ella suspiró. "No se dará cuenta", respondió. "Pero ¿y si lo hace?" inquirí, preocupada. "No lo hará. Intenta cambiar un poco el tono de tu voz", sugirió. "Está bien, haré eso", murmuré, intentando encontrar una manera de no sonar igual. "Entonces, ¿cómo te llamarás?", preguntó.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR