"Aunque sí es un sueño, con este jefe, es más amable y gracioso", le dije, haciéndome reír. Durante todas esas horas, me sentí tan especial a su lado.
"¿De verdad no es gracioso?", preguntó.
"Es muy gracioso", comenté con una sonrisa, sintiendo que mi corazón iba a explotar.
"¿Por dónde vamos?", pregunté al ver que nos desviábamos.
"Por otro lugar, no querrás chocarte con tu jefe", respondió María, pensativa.
Al día siguiente, me levanté con bastante ánimo. Hoy venía de estar enojada, y eso era lo que más me mantenía feliz. No podía evitar sentirme contenta, sabiendo que estaría cerca de mí de nuevo. Simplemente me mordí los labios. Finalmente llegamos y estaba frente a la oficina, ya que él me había citado.
"¿Y si descubrió que era yo?", susurré bajo.
Camila dijo, "No, tú mantente fuerte y mira hacia abajo. Acuérdate que no nos miran los empleados".
"Tienes razón, tú puedes", comenté y me dio una palmada. Tuve que abrir la puerta para ingresar.
"Señorita, quería agradecerle..."
Diálogo: "¿Por… qué?" pregunté tartamudeante, sintiendo que me desmayaría en cualquier momento.
"Porque usted me presentó a una mujer increíble. Sabe, nunca me había sentido tan bien en compañía de alguien", explicó.
"Qué bueno, señor. La señorita Emma es muy especial", asentí.
"Lo es. Increíblemente lo noté hoy. Le dije que tendríamos una cita. ¿No le parece muy pronto?", consultó Adam.
"Hmm, quizás un poco pronto, pero si ella se conectó con usted, no es problema", contesté.
"Gracias. Me sentí un poco ansioso, no sabía si estaba bien haberla invitado para mañana", admitió.
"Para nada, me parece bien. Y más si ella accedió", confirmé.
"Sí, la vi muy entusiasmada con la idea, pero no sé a dónde llevarla. ¿Me sugiere algo?", preguntó mientras revisaba unos papeles y desviaba la vista hacia mí.
"¿Pues algo que le guste a ella?", sugerí.
"Me dijo que le gustaba mucho el helado. Podría llevarla a una heladería, ya sea cerca de la playa. Son muy bonitas, seguro le gustará", propuso Adam.
“Me parece genial”, murmuré.
"Gracias por tu ayuda, Amaya, y gracias por presentármela", expresó.
"De nada", murmuré y me di la vuelta
. Salí, sintiéndome temerosa al saber que él me había descubierto. Pero al parecer está muy contento con la chica, lo cual en parte me hace sentir un poco culpable. Suspiré sin poder evitarlo y me mordí los labios. Corrí hacia el puesto de trabajo de Camila y toqué su hombro.
"Él me habló, me habló de Emma", le dije.
"¿Y qué te dijo?" preguntó curiosa.
"Me dijo que era la mejor cita que había tenido, que se sentía muy bien. Supongo que no sospecha", respondí.
"Qué bueno, menos mal que no sospecha. ¿Te dijo algo más?" inquirió.
"Me pidió ayuda para saber a dónde llevarla. Entonces le sugerí un lugar donde ella gusta ir", comenté.
"Eso es una buena estrategia, serás la consejera y a la vez serás la cita", bromeó Camila, riéndose. Traté de reírme también, pero me sentí un poco mal.
"Me siento una persona terrible", confesé, suspirando frustrada.
"Da igual, al menos lo estás pasando bien", intentó consolarme.
"Sí, él es muy tierno y divertido", agregué.
"Eso es lo importante", concluyó.
Sin embargo, me siento muy aterrada por si finalmente me descubre él, además, ¿cómo haré para que no se dé cuenta de que soy yo?, le pregunté a Camila.
"Tranquila, amiga. Todo saldrá bien, no te preocupes", intentó tranquilizarme.
"Sigo… muy aterrada", comenté mientras suspiraba.
Supuestamente, yo era la misma mensajera, así que tuve que enviarle mensajes a Emma en mi mente, muy contenta. Me coloqué un pantalón corto ajustado con una blusa suelta, mostrando mis piernas por primera vez en mucho tiempo. Lucían blancas, y había un problema: tenía que depilarme.
"Parezco el tío cosa", murmuré apenada mientras me miraba en el espejo.
"Tengo cera", comentó mi amiga mientras comenzaba a calentarla en baño maría, y yo suspiraba.
"Me veo bonita", expresé.
"Tú no usas esa ropa así que es perfecto", me consoló.
"Siento que soy otra persona, ¿sabes?", murmuré, y ella asintió.
"¿Te quieres dejar el cabello lacio?", preguntó, observándome.
"Me veo medio bonita con el cabello lacio. Además, mis ojos azules disimulan cualquier cosa", respondí.
Cuando la cera estuvo lista, la tomé con cuidado y comencé a depilarme. Procedí con calma, quería que mis piernas quedaran suaves y efectivamente, se veían blancas y suaves frente al espejo. Sonreí y continué depilando el resto de mi cuerpo que quedaba.
Cuando salí oficialmente de la casa, me sentí bonita y empoderada. Sin embargo, llevaba un gran saco que cubría casi hasta mis talones por si alguien me veía, y un sombrero.
"Entra al auto", comentó mi amiga mientras seguía sus instrucciones. Atravesamos toda la colina sin preocuparme demasiado. Había decidido disfrutar el momento y no pensar demasiado. Finalmente, al llegar, me bajé con calma, suspiré y abracé a mi amiga.
Me detuve a la vuelta para que Adam no me viera y caminé con unos altos tacones que lucían mis piernas estilizadas y bonitas. Finalmente, llegué y observé con nostalgia lo hermoso del lugar, con un gran helado de colores en forma de estatuilla. Me acerqué y le saqué una foto.
—A mí también me parece peculiar. ¿Quieres una foto junto al helado? —preguntó Adam, sorprendiéndome.
Sentí cómo tomaba su teléfono y me fotografiaba.
—Pero la idea era que sacaras la foto con mi teléfono —bromeé.
—Quería la foto para mí. Te mentí —dijo divertido y me saludó con un beso en los labios, sorprendiéndome. Me acarició el cabello.
—Me gusta tu cabello —murmuró.
—La otra vez lo había planchado para tener bucles —comenté apenada.
—Se ve bonito así, de cualquier forma —murmuró él. Sonreí tímidamente. Volvimos a besarnos antes de entrar y tomarnos de la mano. Sentí sus ojos en partes que prefería no mencionar, lo cual me hizo sentir bonita y sensual. Nos sentamos apartados y, cuando quise hablar, él me tomó de la cintura y me besó con pasión, haciendo que mi piel se derritiera. Me separé un poco avergonzada.
—Lamento no saber qué me pasa contigo —murmuró Adam. Sonreí.
—Yo tampoco —murmuré. Él se mordió los labios como si quisiera volver a besarme, pero llegó la camarera.
—Hola, bienvenidos. ¿Qué van a pedir? —preguntó. Pedí helado de dulce de leche con Spring, mientras que él pidió chocolate con contra montina. La camarera sonrió y se alejó.
—Lo lamento, me pareces tan irresistible que no puedo contenerme —dijo Adam. Sonreí ante su comentario.
—¿De verdad? —pregunté, un poco conmocionada. Me acerqué a su lado, apoyando mi cabeza en él, siguiendo sus latidos del corazón, y aunque sentí que me desmayaría en cualquier momento, me mantuve firme y sonreí.
Comenzamos a hablar de temas triviales. Él me explicaba cómo había empezado en la empresa, sus estudios y que la compañía era de su padre. Yo inventaba detalles que eran claramente mentiras y me sentía mal. En un momento, tuve que levantarme y dirigirme al baño. Vomité todo lo que necesitaba. Sentía culpa por mentirle a alguien que parecía tan buena persona y honesta.