"¿Quieres bailar?" preguntó, y noté a algunas parejas bailando.
"Me encantaría", dije aunque por dentro quería gritar que no, que estaba aterrada y sumamente nerviosa. Me puse de pie, busqué su mano y él sonrió.
Estábamos en noviembre, faltaba poco para diciembre, y sabía que él quería una novia para Navidad.
"Eres muy delgadita", comentó al sostener mi cintura.
"No sé si agradecerte o ofenderme", respondí, y él rió.
"Lo lamento, no quise sonar grosero", se disculpó.
"No sonaste para nada así", aseguré mientras sonreía. "¿Estamos bien?"
Empezamos a bailar pegados. Estiré mis brazos rodeando su cuello mientras él sostenía mi cintura.
"Te juro que siento que te conozco de algún lado", dijo observando mi rostro, y negué, cubriéndome la mitad con el cabello.
Para mi sorpresa, él apartó el mechón, dejándolo detrás de mi oreja. Acarició con cuidado mi mejilla y me sentí emocionada frente a él. Sus ojos azules buscaron mis labios y me besó. Era mi primer beso, nunca había estado con nadie y no sabía qué hacer. Me quedé estática, pero él hizo todo el trabajo. Cuando entendí más o menos cómo iba la cosa, comencé a seguirle el beso. Nos besamos con delicadeza, aunque empecé a sentir un calor que nunca había sentido antes. Finalmente nos separamos.
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Diálogo: "Eso está bien", comentó en un susurro. Lo miré con intriga.
"Éste fue mi primer beso", admití con sinceridad, y en ese instante quería que la tierra me tragara….
"¿De verdad?", preguntó, curioso, observándome.
"No he tenido mucho tiempo, he estado trabajando muy duro en mi empresa", expliqué.
"Hace mucho que no estoy con nadie, así que te entiendo", reconoció.
"La verdad es que me dio vergüenza decir eso, mejor olvídalo", intenté disimularlo.
"Me encanta saber que fui el primero", murmuró. Nuevamente tomó mis labios para besarme. Me perdí en sus caricias y en sus labios, y me di cuenta de que Adam me gustaba mucho.
Seguimos bailando un poco más, riéndonos por alguna tontería que decíamos, y luego nos sentamos.
"¿Quieres que pida un postre?" preguntó. En realidad, me encantaba el helado, y no desaprovecharía la oportunidad de obtener algo gratis. Pedí un helado de dulce de leche con banana, fresas y limón. Por encima le pusieron chocolate y estaba delicioso. Empecé a comer, sintiéndome muy satisfecha.
"Tienes un poco en la mejilla", comentó. Me limpié del lado derecho. "No del otro lado", bromeó, y me quité con la servilleta.
"Gracias, Adam", dije.
"Quiero volverte a ver", sorprendiéndome. Dejé la cuchara sobre el helado para observarlo.
"Yo también, Adam", murmuré con una sonrisa, y él continuó: "Eres una mujer especial, siento que te conozco y no lo sé, es raro".
"¿Piensas que soy tu alma gemela?" pregunté divertida. Asintió. Para mi sorpresa, tomé su mano.
"Sí", dijo. Lo miré intrigada, pero él no dijo nada más, simplemente se concentró en su postre, y yo en el mío. Pero aquella palabra, esa simple palabra, se quedó impregnada en mi corazón.
Cuando finalmente terminamos el postre, supe que era tiempo de despedirnos. Había pedido a Camila que viniera por mí, así que debía esperar afuera.
"Me quedaré aquí hasta que te vayas", murmuró. Negué.
"No, en serio, estaré bien sola", dije con firmeza.
"De verdad, me quedaría aquí. ¿Cómo la voy a dejar sola?", comentó, añadiendo, "A menos que quiera que la lleve".
"No, en serio, está bien, quédese conmigo", quería morir. Entonces tuve que enviarle un mensaje a Camila, diciéndole que tenía un problema, que Adam no quería separarse de mí. Le dije:
"Yo lo resolveré, tranquila". No sabía cómo resolverlo, Camila era impredecible. Simplemente comenzamos a hablar, pero estaba nerviosa, no sabía qué vendría después, si Camila descubriría algo. Estaba muerta de miedo de que mi jefe se enterara de mi verdadera identidad, así que prefería no decir demasiado.
"¿Cuándo quiere salir de nuevo conmigo?", preguntó, y levanté la vista.
"Cuando tú quieras", murmuré con una sonrisa coqueta.
"¿Mañana?", preguntó, y quise tragar mi saliva para ahogarme.
"Claro", tartamudeé, y él se acercó, tomándome de la cintura para besarme. Cerré los ojos, dejándome llevar, pero por dentro me sentía muy culpable. Estaba fingiendo ser alguien que no existía y lo peor, estaba besando a mi jefe. Me mordí los labios, conteniéndome, y él me giró tomando mi cintura.
"Me alegra saber que saliste conmigo", comentó. Miré hacia adelante, suspirando sin poder evitarlo. Pronto llegó un auto n***o y tocó la bocina, supe al instante que era Camila.
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Quien tenía un sombrero gracioso de color n***o y el cabello atado.
"¡Mira, tu chofer! Bueno, nos veremos mañana", prometí. Él me tomó de la cintura y me besó.
Me quedé estática y creo que Camila también se sorprendió, porque cuando me senté en la parte de atrás dijo, "¿El jefe te besó?"
"Sí, nos dimos bastantes besos", comenté con una sonrisa mientras lo vi alejarse, tranquilo.
"No puedo creerlo, debe ser como un sueño", dijo.