Un buen chef debe tener las recetas claras para que los postres salgan bien Eran alrededor de las diez, estaba limpiando mi cocina cuando escuchaba la puerta abrirse, moví mi cabeza para ver quienes era. Vladimir entraba dirigiéndose a la cocina para tomar agua, este tener un rostro lúgubre, derrotado, cansado. —¿Estas bien?— hable con una voz tan suave que apenas podía ser difícil ser escuchada. Vladimir se detuvo al tomar una de las botellas de agua que había en la nevera como si pensara, cerró la puerta mirándome fijamente. Los ojos eran la puerta del alma, te podían decir los temores, los sentimientos, el amor que querías demostrar. Usualmente las miradas que me ofrecía Vladimir me veían como si fuese su todo, pero en esos momentos no podía verme solo una nube llena de confusión.

