CAPÍTULO 17

1861 Palabras
Corría al mil por hora, tenia que llegar al encuentro con Serafina. Tenia que rectificar que no había enloquecido y que la llamada que recibí no era más que una broma. Tenía que comprobar con mis propios ojos que ella aún seguía con vida. Llegué al hotel, tomé el ascensor y fui directo a su habitación. Cuando me posicioné frente a la puerta, di un respiro y luego la abrí y me encontré con el rostro de mi querida Serafina. DOS DÍAS ANTES Desperté recostado sobre mi cama, ¿Cómo logré volver? ¿Es que acaso todo había sido una pesadilla? Eso creí hasta que me levanté y bajé al primer piso en donde me encontré con aquella extraña mujer de cabellos platinados. —Que bueno que despiertas— dice la chica mientras se acerca a mí. —¿Qué... qué paso?— pregunté algo confundido. —Esto es sencillo— habla masón —Escapaste a mitad de la noche, fimos a buscarte y nos encontramos con esta chica y a ti desvanecido en el suelo. —Como el escapar de los problemas se te da muy seguido— habla Brigitta. —Brigitta— Liesel le da un ligero golpe para que se calle. —Solo digo la verdad— susurra. —Félix— la abuela salió de la cocina —Tenemos que hablar a solas. —Claro— me acerque a donde se encontraba y volvemos a entrar a la cocina. —Los padres de Serafina me llamaron hoy por la mañana y me dijeron que no habría funeral. —¿Por qué? —Ellos no me dieron mas detalles, solo me dijeron que llevarían sus cenizas al panteón de su familia. Que no te preocuparas en ir, que estaba bien y que descansaras. —Pero tengo que ir, aunque solo sea para darle el pésame a sus padres. —Ellos dejaron muy en claro que no quieren verte— me toma de los hombros —Ellos no quieren verte porque piensan que fue por tu culpa que ella murió. —Yo... lo sé— hable decaído —gracias por decirme, si me ocupas estaré en mi habitación— di media vuelta y salí disparado hacia las escaleras. —Félix— Masón entró a la habitación, yo voltee a verlo y luego saco una pequeña bolsa de su chamarra —Encontré tu celular el día que escapaste, pero se había roto así que decidí arreglarlo— se acerca y me da la bolsa. —No te hubieras molestado— tomé la bolsa y saqué de dentro el celular. —No fue nada— sonríe. —Claro que sí, iba a comprar otro. Creí que había perdido este— pulsé el botón de encendido, pero no prendió. Me levante de la cama y tome mi mochila para sacar mi cargador. Lo conecte a la luz y deje que cargara para poder encenderlo. El camina hasta el armario y lo abre —Ya que no tienes ropa y esa que estas usando te queda justa. Me tome la libertad de comprarte esto. —¿Qué?— cuestione mirándolo —En serio, esto es demasiado. Ya le había pedido a mi padre que comprara ropa. —No es ninguna molestia y creí que se te vería bien. Bueno, Charlotte me ayudo a elegirlo— Saca unos jeans y una camiseta color azul cielo de dentro de una bolsa color blanco. —¿Por qué no te lo pruebas? Y así sirve que te quites esa ropa que a kilómetros se nota que te aprieta. No podía aceptarlo, pero él tenía razón, esta ropa me estaba asfixiando —Bueno, solo la aceptare. Pero tendrás que tener algo a cambio. Alguno de estos días te invitare algo como compensación. —Está bien. —Okay— me levanté de la cama tomé las prendas y fui a cambiarme la ropa al baño —Ya vuelvo. Cuando salí del baño fui a encender mi celular. En cuanto prendió y se conectó a la red de Wifi un sinfín de notificaciones comenzaron a llegarme. Algunos eran mensajes de compañeros de clase a los cuales ni siquiera les hablaba, al parecer la noticia de la muerte de Serafina había llegado a oídos de todos y esos eran el tipo de mensajes que las personas enviaban para dar las condolencias a los parientes de la persona fallecida. Pero la mayoría de los mensajes eran de Serafina: "Félix, ¿Te encuentras bien? ¿Qué fue esa extraña llamada?" "Félix, me tienes preocupada ¿Por qué no contestas mis llamadas?" "Iré a Alemania ahora mismo" Esos eran mensajes pasados. "Félix, ayúdame. Alguien está persiguiéndome" Ese mensaje fue enviado el día que murió alrededor de la una am. Ese mensaje me dejó intranquilo ¿Quién la perseguía?, ¿Por qué me envió ese mensaje? Sus padres dijeron que una persona ebria había chocado contra ella. No quise quedarme con los brazos cruzados y comencé a investigar sobre el accidente. Los resultados que el buscador arrojo no fueron muchos y en ninguno de ellos se hablo sobre el accidente de Serafina. Solo encontré una nota periodística que decía que Serafina había sido asesinada por un hombre que la acosaba. Que era fan suyo y la mierda de que si no le pertenecía a él entonces no le pertenecería a nadie más. Inmediatamente bajé a buscar a mi abuela para que me explicara el por qué me mintió. Al bajar a la planta baja me encontré con Brigitta sentada en uno de los sofás de la sala de estar —Oye— la llamé, pero ella se mantuvo perdida en sus pensamientos. Me acerque mas a ella y esta vez le toqué el hombro para que lograra captar su atención. Cuando me miro pregunte si había visto a la abuela y me dijo que se encontraba reunida con su manada. Salí de la casa y me dirigí al pequeño kiosco en donde vi a mi abuela dialogando con el resto de las personas que se encontraban reunidos. La chica de cabellos platinados se encontraba detrás de mi abuela y le decía que decir. Esperé a que la abuela terminara de hablar y luego cuando mando a todos de vuelta a sus labores me acerque a ella y la salude —Hola de nuevo— salude con una sonrisa. —Veo que te encuentras mejor— me toma la mejilla y sonríe. —No del todo, pero lo estoy tratando de sobrellevar. —Me alegra escucharlo. —Oye abuela— la llame. —Dime, cariño. —Quiero preguntarte algo— ella me mira y espera a que continue hablando —Veras, antes de que Serafina muriera recibí un mensaje suyo en el cual me dijo que alguien la perseguía. Entonces estuve investigando y encontré que alguien que estaba obsesionado con ella la mato ¿Es eso cierto? Ella me mira nerviosa y tarda unos segundos en contestar —Asi es— susurra. —Y ¿Por qué no me dijeron nada? —Creímos que esta noticia la tomarías demasiado mal. De por si el que tu amiga muriera ya es una noticia demasiado fuerte, entonces sus padres y yo decidimos ocultarte la verdad hasta que te encontraras bien. —Oh, ya veo— deje escapar un par de lágrimas —desearía que nada de esto hubiera pasado. Si no hubiéramos venido a Alemania estas vacaciones nada de esto habría pasado, tu y tu manada seguirían creciendo y yo jamás me habría enterado que era un licántropo. Seguiría mi vida normal como un humano común y lo que es mejor Serafina jamás habría muerto. —No te lamentes ahora— me toma de los hombros —Agna me dijo que dentro de ti existe un espíritu y tienes que aprender a controlarlo para acabar con la guerra entre las razas. —¿De que hablas? —Solo aprende a controlarlo ¿si? Deje la conversación a medias. Solo regresé a la casa y me encerré en la habitación el resto del día. (…) El resto de los dos días siguientes evite salir y tener contacto con los demás. La mañana del día siguiente recibí una llamada de un numero desconocido —¿Félix? — esa voz yo la reconocía. ¿Mi cerebro debía engañarme de esta forma? O ¿Por qué escuche la voz de Serafina? —Si, él habla ¿Quién eres? —¿Qué ya no reconoces la voz de tu mejor amiga?— cuestiona la persona del otro lado de la línea. —¿Qué?, en serio no estoy de humor para recibir este tipo de llamadas. —Ah, ya lo se. ¿Estas molesto por que no fui a verte en los últimos días? —No sé quién eres, pero déjame decirte que seas quien seas no es divertido burlarte de alguien que esta de luto por la muerte de su mejor amiga— dije molesto. no era posible nada de esto. No, Serafina no poda estar viva yo mismo vi una fotografía de ella llena de sangre. Sus padres no pudieron haberme mentido. Solo colgué la llamada, pero esta persona siguió insistiendo hasta que le contesté —¡FÉLIX!— esta gritó molesta. —No se lo que te tiene molesto, pero decir que yo estoy muerta es cruzar la línea. —¿Qué?— susurre —¿Serafina? ¿Eres tú? ¿En serio eres tú?— cuestione con un nudo en la garganta casi imposible de deshacerse. —¿Quién más si no? —¿Cómo es que tu...? —¿Qué yo que? —Tu estabas muerta. Ella comenzó a reír —Por favor no digas estupideces. —No en serio. Hay una nota que dice claramente que alguien te quito la vida. —Es un error. Yo estoy viva, mas viva que nunca. —Entonces ¿Por qué no viniste los últimos días? —Ah, eso. Trate de explicarte, pero colgaste mi llamada. El motivo fue que me caí y me fracturé un tobillo y pues no pude ir a verte. —¿Dónde estás?, quiero verte. —En el departamento, por supuesto. —Quédate ahí, iré en seguida. —Por supuesto, no es como si pudiera salir de todos modos. Solo salí corriendo a toda velocidad, con mis zapatos diferentes, con el cabello despeinado y ni siquiera colgué la llamada. Lo único que quería era rectificar que en realidad era ella la persona que me había llamado. Al llegar y abrir la puerta de la habitación, el lugar era un poco oscuro ya que las cortinas se encontraban recorridas e impedían que la luz entrara, fui al apagador y encendí la luz. En cuanto el lugar se iluminó un par de personas encapuchadas se encontraban alrededor de la habitación y Serafina se encontraba atada de los pies, las manos y la boca. Ella me miro asustada y comenzó a forcejear para poder liberarse. El resto fue borroso, alguien golpeo mi cabeza y poco a poco perdía el conocimiento. Lo último que recuerdo fue ser cargado y llevado al ascensor, entrar a un auto oscuro y luego todo lo demás ni siquiera llega a mi mente.
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