CAPÍTULO 16

899 Palabras
Esta es la peor noticia que he recibido en toda mi vida. Mi mejor amiga, la primera persona con la que logre abrirme completamente había muerto. ¿Cómo era eso posible?, ¿Cómo es que había pasado? —¿Qué?— pregunte dejándome caer al suelo —¿Cómo es posible?— comencé a llorar —Ella estaba bien ayer, regresó a su apartamento y prometió volver hoy. —Félix— Masón se arrodillo a mi lado y me abrazo. Yo me escondí entre sus brazos para llorar mas fuerte. —No me siento bien— me solté de Mason, me levanté del suelo y fui directo a la habitación. Me dejé caer en la cama y me escondí bajo las cobijas. Tratando de procesar la noticia que había recibido. Mi mejor amiga estaba muerta ¿Quién iba a regresármela? ¿Por qué de entre las miles de personas tuvo que ser ella? Justo cuando más la necesitaba. Entonces llegue a la conclusión: ¿Por qué no le pedí que pasara la noche en la casa?, si ella habría dormido aquí tal vez no le habría pasado nada. Y me culpé por su muerte, porque yo tuve la culpa en dejarla regresar sola a altas horas de la noche. El resto de la tarde no deje de repetirme que era mi culpa, el apetito se me fue y aunque me rogaran porque comiera simplemente no tenia ganas de hacerlo. —Félix— escuché la voz de la abuela y luego sentí como se sentaba en mi cama. —No tengo ganas de hablar con nadie— dije con voz quebrada. —Tienes que comer— se levantó. —No tengo hambre. —Pero Félix, tienes que comer. —¡NO ENTIENDES, ELLA MURIO POR MI CULPA! —No es verdad, no pienses eso, ella murió porque un conductor ebrio se estampo contra ella. —Fue culpa mía, si no la hubiera dejado ir, tal vez aun estuviera aquí. —Las cosas pasan por algo, ¿Entiendes?— se acerca y me descubre el cuerpo —Ahora no voy a marcharme hasta ver que hayas terminado ese plato de cena y que dejes de lamentarte. Un licántropo no hace ese tipo de cosas— dice seria. —No voy a hacerlo, si eso es lo que significa ser un licántropo entonces no quiero ser un ser sin sentimientos. —No, eso no fue...— me puse de pie y la deje hablando sola. No quería escuchar más. Solo bajé las escaleras y salí de la casa, comencé a correr lo más rápido que pude, quería deshacerme de este sentimiento que no me dejaba en paz. —La luna llena esta cerca—. Un sinfín de voces comenzaron a entrar dentro de mi cabeza. —Si el chico no logra recordar quien es entonces todo habrá acabado para nosotros. —El recuperara su verdadera identidad, estoy segura. —¿Qué has hecho para que recuerde?, te asignamos al chico porque dijiste que lograrías hacerlo recordar. —Hago todo lo posible, pero sus recuerdos quedaron muy bien sellados. Si él no rompe el sello por su propia cuenta entonces no podremos hacer nada. —Irina, si el chico no recuerda nada dentro de cuatro días la diosa luna se encargará de castigarte personalmente. —Eres libre de recurrir a cualquier método, pero recuerda esto: si el chico no recupera su identidad todo lo que protegimos durante siglos se ahogara en un fango de sangre. —­Lograre hacerlo recordar, solo denme un poco mas de tiempo. —¿Tiempo?... te dimos los últimos tres años y no lograste hacerlo. —No fue mi culpa, Verónica se entrometió. Cuando desperté, ella volvió a dormirme. —No queda tiempo, tenemos que reunir a los cinco para que lo ayuden a recordar. —Si el no despierta, nuestras esperanzas se hundirán en el fango. ¿Qué eran esas voces?, ¿Por qué las escuchaba dentro de mi cabeza?, ¿Acaso había enloquecido? Cuando volví a la normalidad, me di cuenta de que me encontraba bastante lejos de casa, muy adentro en el inmenso bosque, rodeado de enormes pinos. De pronto un aroma familiar llego a mis fosas nasales, comencé a seguirlo y mientras mas me acercaba, el aroma mas se intensificaba. Mientras mas me acercaba, podía apreciar la silueta de una mujer vestida de blanco, con los cabellos plateados largos hasta las rodillas. En cuanto se giró un extraño sentimiento me inundo, la chica cuyo rostro era ajeno a las personas que conocía llego a mi mente. Como si ella hubiera formado parte de mi vida, como si la conociera desde siempre. —¿Félix?— se acercó y se posicionó al frente mío. —¿Quién eres?— la mire. —Agna, una vieja amiga tuya. Mi mente comenzó a doler, a revolverse entre mis pensamientos. Poco a poco perdía la conciencia, dejaba de responder a mi cuerpo, mis parpados se sentían cansados y en poco tiempo caí en un sueño profundo. Un sueño que se volvía una pesadilla conforme avanzaba uno en donde veía morir a todos, un fango de sangre en el que me hundía lentamente. —Ayúdame Félix— una voz susurraba en mi oído una y otra vez.
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