CAPÍTULO 15

1495 Palabras
Mis labios se movían al compás de los suyos. Mi cuerpo dejo de responderme. Mi mente estaba nublada y el excitante aroma a cítricos me inundaba por completo. ¿Cómo podría separarme de él? Finalmente aparto sus labios y luego se acercó a mi oído —hueles delicioso— susurro. Fue inevitable no sonrojarme. Lo aleje de mi rápidamente y evite que mirara que había logrado sonrojarme. —¿Qué te sucede? — pregunté cabizbajo. El tomo mi mentón nuevamente y alzó mi vista hacia él —solo quería que supieras lo mucho que me vuelves loco— respondió y una sonrisa apareció en sus labios. —Estas loco— añadí molesto. Di un par de pasos y comencé a buscar la caja. Después de un par de minutos la encontré y comencé a cargarla hasta la habitación. Masón me arrebato la caja —Dijiste que querías mi ayuda para cargarla. —Ya no más, puedo hacerlo solo— dije volviendo a quitarle la caja, cosa que no pude ya que su fuerza superaba a la mía por mucho. Ambos caminamos hasta la habitación y luego saqué un par de prendas que usaría para dormir. Alguien toco la puerta, Masón fue a abrirla y lego Serafina entro por ella —Félix, tengo que irme— dice ella mientras se acerca a donde me encontraba revisando la ropa. —Bueno, regresa con cuidado— le di un abrazo de despedida. —Eso hare— susurro —Y creo que mañana traeré de vuelta tu maleta— dice mirando la ropa que estaba sobre la cama. —Te lo agradecería. —Entonces te vere mañana por la mañana— añade antes de salir de la habitación. Yo por mi parte entre al baño y comencé a desvestirme, puse la ropa en el cesto y luego entre a la regadera, abrí el agua caliente. El agua comenzó a bajar por mi cuerpo y una sensación de relajación me inundo. No quería salir de la ducha, quería quedarme mas tiempo aquí, ya que era extremadamente relajante. —Tienes que recordar— una voz ajena a la de Irina susurro en mi oído. No le tome mucha importancia, ya que quizá solo fue mi imaginación. Salí de la ducha y luego me cambié y me puse la ropa que había escogido; que, según yo, era la mas grande e iba a quedarme. Pero no fue así, la ropa me quedaba demasiado justa y sentía que se rompería en cualquier momento. Salí del baño intentando parecer lo mas normal posible, pero solo logré llamar la atención de Masón —Eso ni siquiera te queda ya— dice con una risita. Lo fulminé con la mirada y fui a acostarme a la cama —Solo será por hoy, ¿No escuchaste a Serafina?, mañana traerá mi ropa. La que si es de mi talla. —¿No te sientes incomodo?, si quieres puedo prestarte mi ropa— sonríe. —No, gracias— me cubrí con las cobijas y cerré los ojos. —¿Estas seguro? —Si— respondí molesto. Solo guardó silencio y me dejó dormir plácidamente. De nuevo, ese sueño irrumpió mi mente. —Félix, tienes que recordar— me encontraba en un estado de trance. La mujer que se encontraba en frente mío me sostenía los hombros y gritaba fuertemente. Detrás de mi se escucho un estruendo y voltee a ver que ocurría. Cuatro personas se acercaban a donde me encontraba, caminaban rápidamente y su rostro estaba lleno de iluminación que era imposible observar a través de esa luz. —El momento esta cerca— susurraron los cuatro al mismo tiempo en cuanto se posicionaron a mis costados. El panorama cambio, a primera vista el paisaje era hermoso, pero poco a poco fue tiñéndose de un color rojo sangre. Parpadeé y cuando abrí los ojos Masón se encontraba en frente mío —Mi señor— susurró mientras una sonrisa aparecía en sus labios. De pronto, de su boca comenzó a salir sangre, él agacho la mirada y yo hice lo mismo. Su cuerpo estaba perforado por una espada filosa. —Lo siento— añadió antes de caer al suelo. De un brinco desperté, apenas comenzaba a amanecer y pocos eran los rayos de sol que lograban entrar por la ventana. Me levanté y fui hasta el baño a lavarme la cara y luego bajé a la cocina a buscar algo para comer. Walter y los otros aun se encontraban dormidos, así que con sigilo los rodeé hasta llegar a la puerta de la cocina. Me dirigí al refrigerador a buscar algo. Logré encontrar un pedazo de chuleta cocida, entonces la saque y comencé a devorarla. —¿Qué haces?— pregunta Charlo. Yo me encontraba esculcando a ver que mas cosas podía encontrar y en cuanto la escuche me alce y me golpeé la cabeza con el refrigerador. —Auch— me quejé y me toqué la cabeza —Me asustaste— dije mirándola. —¿Qué hacías?— se acercó a mí. —Tenia hambre, así que baje a ver que encontraba en el refrigerador. —¿Comendo a esta hora de la mañana?, eso si que es extraño en ti. —Bueno como sea— voy hasta la puerta de servicio —iré a correr. —¿Puedo ir contigo? —No veo el porque no puedas— al decir eso, sale detrás de mi y comenzamos a correr. En cuanto llegamos al lago nos pusimos a descansar, nos sentamos en unas rocas junto a la orilla del lago. —Oye hermano— me llama después de un rato. —Dime, ¿Qué ocurre?— la miré y vi que ella tenía la mirada tenue hacia el lago. —Cuando las vacaciones terminen ¿crees que todo va a ser igual si volvemos a Estados Unidos? —¿Por qué crees que no será así? —Bueno, es solo que ahora nosotros somos licántropos. Todo cambio desde que mi madre me dijo que no éramos hermanos— sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas —Recuerdo que esa noche ella me explico que tu verdadera madre te había entregado en sus brazos justo antes de que muriera, ella le pidió a mi madre que cuidara muy bien de ti y te protegiera de todo y de todos los que intentaran hacerte daño— me mira —Me duele el hecho de no ser hermanos. —Pero lo somos— le di una sonrisa —Digo, Verónica es tu madre y también fue la mía en algún momento y aunque no nos una la sangre tú siempre serás mi pequeña hermanita. —¿En serio? —Por supuesto— me acerco a ella y la rodeo con mi brazo —Tu eres mi felicidad y siempre estaré ahí para protegerte de cualquiera que intente hacerte daño. Me mira y sonríe —Y yo protegeré a mi indefenso hermano omega de cualquier alfa que intente hacerle daño. —No copies mis palabras y no te burles de mí. Aunque te cueste soy tu hermano mayor y soy más fuerte que tu. Comenzamos a reír —Por cierto, ya que tu lobo despertó, puedo saber ¿cómo se llama? —Se llama Irina. —Oh— se sorprende —No creí que fuera "ella" en lugar de "él". —Todos estamos igual de confundidos al igual que tú. —Y cuéntame ¿Cómo es ella? —Bueno, no sabría decírtelo con certeza— miro al lago —Pero cuéntame, ¿Tu mate es ese chiquillo Weber? —¿El? — me mira —¿Mi mate?, jamás lo había pensado, pero creo que sí; él es mi mate, aunque no estoy segura de eso— ríe —¿Y tú? ¿Ya encontraste a tu mate? —No lo sé, no estoy seguro de lo que significa tener un mate. —Félix— escuche la voz de Masón detrás de nosotros. Me giré para poder verlo y vi que Liesel y los otros venían con él. —¿Qué haces aquí?— pregunta ella en tono de preocupación —Creímos que ellos habían venido y te habían llevado. —Yo estoy bien— me levante de la roca —Solo salí a correr, no te preocupes— mire a Charlo —Ya que ellos arruinaron nuestra pequeña conversación, regresemos a casa—. Ella asintió y se levantó. Yo por mi parte comencé a caminar a su costado mientras los otros caminaban detrás pareciendo unos completos guardaespaldas. Al llegar a la casa, mi abuela estaba al teléfono y en cuanto me vio su cara se inundo en tristeza —Félix, tengo algo muy importante que decirte— dice cuando colgó la llamada. —Dime ¿Qué pasa? —La llamada que acabo de recibir es de los padres de Serafina— se sienta a mi costado —Esta mañana la encontraron muerta dentro de su auto.
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