CAPÍTULO 4

1342 Palabras
A la mañana siguiente salí a correr, como siempre me levante alrededor de las siete am, me puse mi ropa deportiva y luego tome mis audífonos y mi celular. Tome la misma ruta de siempre. Adentrarme al bosque era lo que más me gustaba de venir. Aquí me sentía libre y podía despejar mi mente. Me sentía molesto, la maldita discusión que había tenido con Charlotte la noche anterior había sido tan insignificante, pero aun así me sentí excluido como su hermano y mejor amigo. FLASHBACK —Él es el chico que me gusta— soltó de golpe. —¿Qué cosa?— ¿Cómo era posible que no me lo contara? —¿Desde cuándo te gusta?— comencé a interrogarla. —Desde que éramos pequeños— responde un poco nerviosa. —Y ¿Por qué no me lo contaste antes? —Porque temía que te interesaras en el si te lo contaba. —¿Qué?— la mire molesto —Yo no haría algo así. —Yo creía que tu...— la interrumpo. —¿Qué yo que?— comencé a alterarme —No por ser bisexual voy a interesarme en las personas que te gustan Charlotte. —Pero...— la interrumpí de nuevo, esta vez ella tenía la cabeza agachada y a juzgar por su tono de voz, estaba conteniendo sus lágrimas. —¡¿Pero?, ¿vas a excusarte?, ¿Qué me dirás ahora?!— en serio estaba enfadado con ella —Por un solo minuto deja de pensar solo en ti y comienza a pensar en los sentimientos de los demás— me puse de pie y comencé a caminar hacia la puerta —No vuelvas a dirigirme la palabra— salí y fui directo a encerrarme. FIN DEL FLASHBACK (...) Me detuve ya que comenzaba a quedarme sin oxígeno. Mi vista se nublaba de a poco y en poco tiempo me encontraba tumbado en el suelo, sin poder hacer nada y sin poder pedir ayuda. Cuando recobre la conciencia, me encontraba en un lugar que no había mirado antes. Era hermoso, lleno de luz y de vida. Me levante del suelo y mire en todas direcciones —¿Hola?— comencé a buscar a las personas. —Hola— una mujer, joven y bonita, con el cabello color plateado y los ojos color azul, respondió detrás de mí. —Sabes, ¿Dónde me encuentro?— no reconocía el lugar y esta mujer era la única persona con la que podía contar. —Dentro de tu mente. —¿Cómo dices?, ¿Sabes cómo puedo regresar a casa?— ella niega —¿También estas perdida? Vuelve a negar —Yo vivo aquí— Se notaba algo amenazante. Comenzó a acercarse a mí, así que daba pequeños pasos hacia atrás para impedir que me alcanzara —¿Quién eres?— tengo que admitir que su mirada se tornó seria y eso me ponía los pelos de punta. —Irina, tu loba. ¿Qué significaba eso? —Yo soy Félix Nux— me presente. —Eso ya lo sé— sonríe. —No entiendo, ¿Cómo conoces mi nombre? —Yo soy el lobo que vive dentro de ti, el lobo que se te otorgo al nacer— caminó rápidamente y me tocó la cabeza. Caí en un sueño profundo, mediante el cual volvía a la realidad. Unos cálidos brazos me envolvían y el aroma a cítricos podía olerse por todas partes. Abrí los ojos lentamente y mi mirada se encontró con la de Masón. Cuando me vio despertar, sonrió felizmente y me abrazo más fuerte —¿Qué sucedió? —Te encontré desmayado en el bosque. —Puedo caminar por mi cuenta, bájame— intento liberarme de el —No necesitas cargarme. —Tienes el tobillo roto, no creo que puedas caminar por ahora. —Entonces ¿Puedes cargarme en tu espalda?, me siento incomodo de esta forma. —Por mí no hay ningún problema— me baja y luego subo a su espalda —¿Así esta mejor?— pregunta y yo confirmo. Él continua caminando —De seguro he de pesar mucho— rompo el silencio que se volvía incómodo. —Pesas como una pluma. Comencé a reír —Por supuesto que no. —En serio, eres muy liviano— Comienza a reír junto conmigo —¿Puedo preguntarte algo? —¿Qué cosa? —¿Por qué estabas inconsciente a medio bosque? —Me sentí algo mareado, pare un segundo para recobrar fuerzas, pero me desmaye y cuando desperté tú me tenías abrazado. —Ya veo. —¿Tu que hacías en el bosque? —Salí a despejar mi mente— tardo en contestar, así que dude en creerle. Cuando llegamos a la casa mi abuela me vio y comenzó a reír —¿Qué hacen ustedes dos? —Me torcí el tobillo mientras corría y él me trajo hasta aquí cargando. —En realidad...— lo golpee disimuladamente para que no dijera que me había encontrado inconsciente. —¿Te hiciste daño?— pregunto preocupada —Tenemos que llevarte al hospital ahora mismo— se dirige al llavero y toma las llaves de su auto. —No es necesario, abuela. —Claro que si lo es. Andando chico, súbelo al auto. —Que ni se te ocurra— me opuse. —Lo siento, son ordenes de tu abuela y no puedo negarme o sino me correrá de su casa. —Si como no— agregue molesto mientras me llevaba hacia el auto. Cuando llegamos al hospital, de nuevo, me cargó en su espalda y entramos. Luego un médico me atendió y me puso un desinflamatorio y una tobillera. —Puede moverse todo lo que el dolor le permita, también es recomendable que se coloque una compresa helada para bajar la hinchazón, pero eso último no es necesario ya que le aplique un desinflamatorio— comienza a darme indicaciones el médico. Antes de irme, me proporcionaron una muletas, así ya no tendría que ser cargado por Mason de nuevo. Al llegar a casa fui ayudado por mi abuela para bajar del auto y entre cojeando a la casa. Mi madre se encontraba en la sala de estar junto con Charlotte y cuando me vio con la tobillera y las muletas puso una cara de preocupación —Pero ¿Qué te paso?, hijo— pregunto alterada. Se levantó casi corriendo y se acercó a mí. —Nada grave, solo me caí y me torcí el tobillo— mire a Charlotte de reojo y vi su cara llena de tristeza. Me importo poco, di media vuelta y comencé a subir las escaleras con algo de dificultad. Sentí unas manos rodear mi cintura y luego como me cargaban, voltee a ver de quien se trataba y vi al imbécil de Masón —¿Qué haces?, bájame— opuse resistencia. —Louisa me dijo que te ayudara. —Abuela— me queje. La mire, pero ella disfrutaba mi sufrimiento. Me llevó hasta mi cama y me recostó sobre ella. Acercó su cara a la mía y sonrió —Descansa— se alejó, dio media vuelta y salió de la habitación. Minutos después alguien tocó la puerta —Adelante— dije y continúe leyendo el libro. —Félix— escúchela voz de Charlotte, la mire de reojo y continúe leyendo —Perdóname, por favor. —¿Cómo podría?, me acusaste de algo que jamás haría y lo que es peor me ocultaste que ese chico te gustaba— la mire —Ahora entiendo porque odiabas venir— puse el libro a mi lado y me gire en dirección a la pared. —Por favor, Félix— se acercó, pero me cubrí con las cobijas. —Largo, Charlotte— jamás la había llamado así y me sentí mal —No quiero hablar con nadie— escuche sus pasos y luego como azoto la puerta. Cerré los ojos y me puse a dormir.
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