Dereck Estoy sentado viendo cómo Angélica y Bárbara están tan nerviosas. Mi sonrisa no se borra, pues se siente la tensión en el aire. Antonio me mira directo a los ojos, esperando que yo empiece a hablar, pero no puedo evitar esperar un poco para ver qué hacen este par de víboras. Antonio carraspea y yo suspiro; creo que es el momento. —Decías, muchacho, ¿a qué has venido? Angélica se acerca a su padre y lo toma por el hombro con una sonrisa falsa. —Vamos, papá, relájate. No lo pongas nervioso, ya nos dirá a que ha venido, ¿cierto, querido? Yo vuelvo los ojos con fastidio. Estoy viendo qué son capaces de hacer estas brujas. Eso es lo que sucede. Ignoro la pregunta de Angélica y me dirijo hacia Antonio. —Realmente, Antonio, he venido a hablar contigo por tres motivos. Primero que na

