Madian Cuando siento su cuerpo pegado al mío, mi respiración se hace más pesada. Pongo mis manos en su pecho para alejarlo un poco, pero él las toma y las pone encima de mi cabeza, aprisionándome aún más. Se acerca a mi cuello y aspira mi aroma. Yo volteo mi rostro, pero él no se aleja. Está furioso, pero más enojada debería estar yo por lo que acaba de pasar. Él besa mi hombro y yo trato de moverme, pero no lo logro. —Anda, Madian, ¿por qué no me dices lo que dijiste hace un rato? Ay, mi pelirroja, estás en serios problemas. Yo sonrío y niego porque no tengo por qué soportar este arranque de celos. —Dereck, aléjate, por favor, un poco. ¿Qué quieres que te diga? Él me ve a los ojos, levanta una ceja y sonríe, pero su sonrisa no me gusta. —Quiero que me digas si es verdad que has con

