Madian Estoy sentada en un hermoso jardín. Sonrío al sentir la brisa golpear mi rostro. Respiro hondo; en mi corazón siento paz. Me siento tranquila aquí, no duele nada, aquí no existe nadie más que yo. Veo, como a lo lejos, algo brilla. Me pongo de pie y estoy descalza. Empiezo a caminar y, cuando me voy acercando, el resplandor se hace más fuerte. Cuando llego ahí, me sorprendo, pues es un espejo enorme. Me miro y lo toco; puedo ver mi cabello rojo como brilla con el sol, se mueve con el aire como jamás lo había visto. Sonrío al ver a alguien de pie tras de mí; la conozco perfectamente. Ella me toma el cabello y lo comienza a peinar. Yo suspiro porque sé que es un sueño que no quiero que termine. —¿Qué pasa, mi hermosa muñeca? ¿Por qué tu rostro está triste? Yo la miro a sus ojos tan

