Al llegar al restaurante, Isabel Rivas notó que el chofer había dado varias vueltas antes de estacionar. Estaba a punto de llamar a su hermano cuando el auto finalmente se detuvo. Al bajar, se encontró con un sendero iluminado con luces cálidas que conducía hasta la entrada. Allí, esperándola con un impecable traje, estaba Emiliano Montoya, quien al verla sonrió con una expresión luminosa. Se acercó y, besando su mejilla con delicadeza para no arruinar su maquillaje, le susurró: —Te ves hermosa. —Tú también estás muy guapo —respondió Isabel con una sonrisa. Emiliano tomó su mano y caminaron juntos hacia el restaurante. Ahora que Isabel prestaba más atención, notó que el lugar estaba completamente vacío, ambientado solo con luces tenues y una atmósfera íntima. De pronto, Emiliano se de

