Al día siguiente, Isabel se dirigió como siempre a la empresa, pero al llegar, un hombre de traje oscuro la detuvo en la entrada principal. —¿Es usted la señora Isabel Rivas? Ella lo miró con cautela y asintió con un leve movimiento de cabeza. —Sí, soy yo... El hombre abrió su portafolio y le entregó un sobre. —Soy el abogado del señor Matías Soler. Esta es una notificación legal. Mi representado la está demandando por presunta paternidad. Prepárese, señora. Esto va a llegar hasta las últimas instancias. Que tenga buen día. Las piernas de Isabel temblaron. La felicidad con la que había empezado su mañana se desvaneció por completo. Entró al edificio sin decir palabra y subió directamente a su oficina. Una vez dentro, le pidió a su asistente, Rita, que en cuanto su hermano llegara, lo

