Matías Soler se encontraba en su estudio dentro de la mansión, concentrado en enviar unos informes por fax. De pronto, su teléfono sonó. Al ver el nombre en la pantalla, suspiró antes de contestar. —Hola, cariño... —¡Hasta que por fin contestas, Matías! Te dejé un montón de mensajes y no respondiste a ninguno. ¿Qué está pasando? —Valentina, tenemos que hablar de muchas cosas que han sucedido últimamente, pero para eso necesito que vengas con mi madre a Canadá. —¿A Canadá? ¿Y qué tiene que ver tu madre? —Por favor, es complicado de explicar. Necesito que ambas vengan. Yo las recogeré en el aeropuerto. —Está bien... No insistiré más, pero cuando llegue, me cuentas todo. —Lo haré. Ahora debo colgar. Sin esperar respuesta, Matías cortó la llamada. Valentina arrojó el teléfono sobre la

