17. La Prueba de fuego.

1551 Palabras
Los días siguen su curso con una calma engañosa. Vanessa parece haber desaparecido de nuestras vidas, y aunque a veces siento el impulso de mirar sobre mi hombro, me esfuerzo en creer que ya no tendrá poder sobre nosotros. Con Sheyla, nuestra relación se fortalece cada día. Nuestras salidas son cada vez más frecuentes, las risas más espontáneas, y las noches… bueno, las noches son cada vez más intensas. Una tarde, mientras estamos juntos en su departamento, Sheyla suelta una pregunta que no me esperaba. —¿Te gustaría conocer a mi familia? —dice con una sonrisa que mezcla emoción y un toque de nerviosismo. La pregunta me toma por sorpresa, y noto que el gesto de Sheyla se vuelve un poco tenso al ver que no respondo de inmediato. —Claro que sí, me encantaría —respondo, casi sin pensar, pero sincero. Ella se relaja y su sonrisa se amplía. —Es que mi hermana viene a visitarme el próximo fin de semana, y pensé… bueno, pensé que podría ser una buena oportunidad para que la conozcas. —Sus ojos reflejan una mezcla de emoción y algo que parece ser preocupación—. Ella es muy importante para mí, y… bueno, quiero que vea lo que veo en ti. Sus palabras me llenan de calidez, pero también siento una leve presión en el pecho. Conocer a alguien tan cercano a Sheyla, y saber que ella quiere que su familia me acepte, me hace darme cuenta de lo serio que es esto para ella. Y para mí. Porque yo también quiero hacer todo lo posible para demostrarle que estoy comprometido, que esta relación es lo más importante en mi vida. Cuando llega el fin de semana, estoy nervioso. No es algo que suela pasarme, pero la idea de conocer a la hermana de Sheyla, de presentarme frente a alguien que es tan importante para ella, me pone en una posición vulnerable. Me repito a mí mismo que solo necesito ser yo mismo, pero hay una pequeña parte de mí que teme no ser suficiente. Sheyla y yo decidimos que el encuentro sea en un restaurante, en un ambiente neutral. Me he puesto un traje sencillo pero elegante, intentando dar una buena primera impresión sin parecer que estoy haciendo un esfuerzo desmedido. Al llegar al lugar, veo a Sheyla esperándome afuera, luciendo radiante y con una sonrisa que me tranquiliza un poco. —¿Listo para el gran momento? —pregunta, con un tono juguetón que parece querer relajarme. —Listo como nunca —respondo, tratando de sonar confiado. Ella ríe y me toma de la mano mientras entramos al restaurante. Al llegar a nuestra mesa, veo a una mujer que podría ser la versión más joven y un poco más atrevida de Sheyla. Su hermana se levanta y me observa con una mezcla de curiosidad y escepticismo antes de extender su mano. —Tú debes ser Pablo, el famoso Pablo. —Su tono es directo, y aunque sonríe, noto un leve destello de evaluación en su mirada—. Soy Paula, la hermana mayor de Sheyla. —Un placer conocerte, Paula. —Sonrío, tratando de parecer relajado. Nos sentamos, y Paula empieza a hacer preguntas casi de inmediato. Quiere saber de dónde soy, qué hago, cómo nos conocimos, y hasta si tengo intenciones serias con Sheyla. Me siento como si estuviera en una entrevista de trabajo, pero me esfuerzo en responder con sinceridad y naturalidad. Al cabo de un rato, parece que su expresión se suaviza, y hasta suelta una risa cuando le cuento la anécdota de cómo conocí a Sheyla en aquella salida con amigos. —Bueno, debo admitir que has pasado la primera ronda —dice lanzándome una mirada aprobatoria—. Pero aún queda mucho camino por recorrer. Sheyla se ríe y toma mi mano bajo la mesa, dándome un apretón que me asegura que todo va bien. La cena transcurre sin problemas, y para cuando terminamos, Paula parece haber cambiado su primera impresión sobre mí. Nos despedimos, y mientras Sheyla y yo caminamos de regreso a su departamento, siento una sensación de logro. No solo he pasado la prueba de su hermana, sino que también siento que nuestra relación ha dado un paso más hacia un compromiso real. Sin embargo, el buen humor de la noche se ve interrumpido al día siguiente, cuando recibo un mensaje de un número desconocido. Abro el mensaje con un suspiro, esperando que sea otra notificación irrelevante, pero mi cuerpo se tensa al leerlo: "No creas que esto se acabó, Pablo. Nos veremos pronto. V." El mensaje es breve, pero el simple hecho de ver esa inicial hace que el temor regrese. Vanessa no ha desaparecido como creía, y lo peor es que no tengo ni idea de qué planea ahora. Durante el día, intento ignorarlo y seguir adelante, pero esa inquietud sigue rondando en mi mente. No quiero preocupar a Sheyla, especialmente después de lo bien que salió nuestra cena con su hermana, pero sé que no puedo dejar que Vanessa vuelva a interferir. Pasan unos días, y aunque trato de hacer que mi vida vuelva a la normalidad, una parte de mí sigue esperando el próximo movimiento de Vanessa. Y no tengo que esperar mucho. Una noche, mientras estoy trabajando en mi oficina, mi asistente me informa que alguien insiste en verme. Al escuchar el nombre, mi piel se eriza. Es Vanessa. Doy las instrucciones para que la dejen pasar, consciente de que si la dejo esperando, es posible que solo intensifique su resentimiento. En cuanto entra, noto que trae un vestido elegante y una sonrisa que intenta imitar la inocencia, pero sus ojos revelan la intensidad de su intención. —Vaya, Pablo, pensé que te alegrarías de verme. —Su tono es falso, y su mirada parece evaluarme de la cabeza a los pies. —Vanessa, ya hablamos de esto. No entiendo qué es lo que esperas conseguir. —Cruzo los brazos, intentando mostrar firmeza. Ella se sienta en una de las sillas frente a mi escritorio, como si fuera dueña del lugar. —Solo quería recordarte que no soy una mujer que se olvida fácilmente. No me gusta que me desechen como si fuera un objeto, Pablo. —No te estoy desechando, Vanessa. Estoy terminando algo que nunca debió haber empezado. No tenemos nada más de qué hablar. —¿Ah, no? —Su sonrisa se vuelve desafiante, y saca algo de su bolso: una foto, una vieja foto nuestra en la que estamos juntos en una fiesta, en uno de mis momentos más oscuros. En la imagen, estoy fuera de control, y esa versión de mí es la que Vanessa parece querer resucitar. —¿Qué crees que lograrás con esto? —le pregunto, sintiendo que la rabia empieza a hervir en mi interior. —Quiero que recuerdes quién eres realmente, Pablo. Y que no puedes huir de ello. —Deja la foto sobre mi escritorio, como si fuera una carta de amenaza—. O te aseguras de que estoy en tu vida, o tal vez alguien más tenga que recordar también quién eres. En ese momento, me doy cuenta de que Vanessa no va a detenerse. Esta es una advertencia de que no se irá sin una pelea, y que está dispuesta a arruinar lo que tengo con tal de salirse con la suya. —¿Qué quieres, Vanessa? —pregunto con calma, intentando no mostrar el miedo que me produce su actitud. Ella sonríe, y noto que es una sonrisa de victoria. —Quiero que estés cerca. Quiero que recuerdes que siempre podrías volver a ser el hombre que eras conmigo. La observo, y sé que tengo que actuar con inteligencia. Si dejo que me manipule, estoy perdido, pero si no la enfrento, podría causar un daño irreparable a mi relación con Sheyla. Me levanto, decidido. —Te voy a pedir una última vez que salgas de mi vida. No voy a caer en tus juegos, Vanessa. Puedes intentar manipularme o amenazarme, pero lo que tengo ahora no lo voy a perder por alguien que ya no significa nada para mí. Vanessa me mira por un instante, sorprendida. Su seguridad se tambalea y noto una chispa de furia en sus ojos. —Muy bien, Pablo. No digas que no te lo advertí —dice antes de salir de mi oficina con la misma altivez con la que llegó. Esa noche, mientras conduzco hacia el departamento de Sheyla, siento que he librado una batalla importante. Pero también sé que, si Vanessa realmente decide actuar, las cosas podrían complicarse aún más. Al llegar, encuentro a Sheyla preparándose para la cena, y cuando me mira, su sonrisa hace que el peso en mi pecho se disipe un poco. Me acerco a ella y la envuelvo en un abrazo. —¿Estás bien? —me pregunta, acariciando mi mejilla. —Ahora que estoy contigo, sí —le respondo, sin querer preocuparla más de la cuenta. Sin embargo, en el fondo, sé que lo que acaba de pasar con Vanessa podría ser la prueba más grande que enfrentaremos. Pero estoy decidido a proteger lo que tengo con Sheyla, sin importar el precio. Porque, después de todo, ella es la única mujer con la que quiero construir mi futuro.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR