Por las mañanas, a Amelia le dieron el trabajo de escribir las invitaciones para el matrimonio.
Por su parte, Víctor seguía intentando convencer a su familia que lo dejaran libre, pero sus padres estaban molesto con él por abandonar a su prometida el día del compromiso, así que ya no le permitían hablar sobre la boda, ni siquiera se le consultaba para elegir algo sobre ese tema, ya que por su conducta rebelde, se consideraba que solo se le debía obligar, lo que le produjo una profunda desesperanza y ya prácticamente no se comunicaba con sus padres, lo único que le animaba, era los encuentros que tenía con Amelia en el ático.
La pareja se encontraba sentada en el piso del ático. Víctor abrazaba a Amelia y le daba tiernos besos, pero para ella, el saber que aquellos serían los últimos, le hacía llorar. Ya Víctor estaba acostumbrándose a que, en ocasiones, Amelia comience a llorar mientras se besaban o estaban juntos, pero era entendible, él también estaba triste porque sabía que les quedaba poco tiempo.
— Ya tengo que bajar para preparar la cena — informa Amelia secándose las lágrimas
— Esta bien, bajaré también — responde Víctor dándole un último beso.
Ambos jóvenes bajan del ático y caminan por el pasillo. Al doblar en una esquina, se encuentran con el ama de llaves.
— Señorito, su padre quiere conversar con usted, lo espera en su despacho
Víctor se dirige al despacho de su padre sin ánimos, ya que nunca era para hablar de algo que lo anime. Al llegar, toca a la puerta y entra. Don Agustín al verlo, le sonríe.
— Bien muchacho, has estado muy callado en este tiempo. Vamos ir hoy donde las Lobas, para que te enseñen que hacer la noche de tu boda.
Víctor asiente con la cabeza sin emoción, a lo que su padre le sonríe, ya que la despedida de la soltería, era un momento importante en la vida de un hombre, según las costumbres.
— Hijo anímate, esta noche serás un hombre, te darás cuenta que la vida de casado tiene también sus lados encantadores — Agustín toma a su hijo por los hombros y lo saca fuera del despacho — Así que vamos, antes de que tu madre haga un alboroto.
Los varones Fortunato salieron de la mansión para dirigirse a la guarida de las lobas, que era una casona en el centro de la ciudad.
Se les decían Lobas a las prostitutas, ya que ellas llamaban a su clientela, aullando por las ventanas del burdel.
A los varones no se les enseñaba sobre sexualidad, esto lo aprendían de las Lobas, así que cuando algún joven estaba comprometido para el matrimonio, lo llevaban para tener su despedida de la soltería y este era el único momento en que las clases sociales se unían en aquel lugar.
Para las mujeres, la sexualidad era aprendida por sus esposos durante la noche de bodas, por lo cual, dependiendo de la situación, podía ser agradable o muy traumática.
Cuando los Fortunato ingresan al Burdel, Víctor estaba impresionado, ya que nunca imaginó que un lugar así podía existir. Muchos hombres estaban sentados en los sillones, riendo con alguna mujer en ropa interior, dándoles de beber licor y fumando algún tabaco, mientras que sus clientes les tocaban de manera desvergonzada los pechos o las piernas desnudas.
Agustín habla con la Loba principal, quien ya los estaba esperando, diciéndoles que una de sus chicas ya estaba esperando al señorito, así que suben por las escaleras y caminan por la terraza que tenía vista al salón de las fiestas.
Al llegar a la zona de las habitaciones, entran en un cuarto y ve a una mujer sentada al borde de la cama sami desnuda, de una edad media, con grandes pechos y cabello n***o, maquillada de manera extravagante. Víctor al ver a esa mujer que podría tener la edad de su madre, se asusta y desea salir de ese lugar.
— No padre, no me dejes aquí, me quiero ir — suplica Víctor, tomando de la chaqueta de Agustín.
— Vamos muchacho, la señorita cuidará bien de ti. Yo estaré abajo, bebiendo hasta que termines
— No se preocupe señor, yo sé cuidar de niños — ríe la mujer que se levanta de la cama para tomar la mano de Víctor
— No padre, ¿qué hará esta mujer? no me dejes — Víctor se resistía, tomado con fuerza del brazo de su padre.
— Solo hazle caso a la mujer — Agustín empuja a su hijo adentro de la habitación y cierra la puerta.
— No te asustes chico no va a pasar nada malo. Desnúdate — le dice la loba de manera agradable.
— Es que no quiero — Víctor se mantenía estático en el lugar donde se había quedado.
— Eres muy tímido ¿verdad? Ven, te ayudaré
La mujer comienza a desvestirlo, pero deja al muchacho con su ropa interior para no seguir perturbándolo, ya que se notaba nervioso. Ella se acerca a la cama y se retira las prendas que la cubrían.
Esta era la primera vez que Víctor veía a una mujer desnuda, ya que solo tenía nociones por esculturas y dibujos, pero el temor del momento y el pudor lo paraliza. La Loba comienza a acariciarse de forma provocadora y le dice al muchacho que se acerque. Él obedientemente lo hace y toma de sus manos para que acaricie sus senos.
— Solo cálmate y disfruta del momento, te aseguro que te gustará, a todos les gusta — le invitaba la mujer con una voz susurrante.
Víctor se sentó al borde de la cama, mientras la mujer le guiaba las manos para que la toque, pero aparta el rostro cuando ella trata de besarlo. Ya pasado un momento, la loba se recuesta sobre las sábanas, abriendo las piernas para mostrarle su intimidad, a lo que el muchacho se sorprende, abriendo mucho los ojos.
— Bien, tienes que ingresar aquí — dice la mujer abriendo con los dedos su feminidad.
Víctor salta de la cama ante el comentario, no sabía a qué se refería esa mujer ¿ingresar que?... ¿la cabeza?... estaba perturbado y entró en pánico.
— ¿Que?... ¡NO!
— Espera muchacho cálmate, ven y te explicó — dice apresuradamente la mujer, al ver que el jovencito comienza a colocarse la camisa.
— No, gracias por su tiempo señorita
Ella se levanta para arrastrarlo nuevamente, pero ahora el chico se alejaba de ella como si fuera un fantasma, mirándola con miedo.
— No... no me toques — Víctor responde asustado y comienza a escapar de la loba por el cuarto, fue tanto el miedo que tenía, que salió escapando por la puerta con sus prendas en una mano.
Se escuchaba el ajetreo de arriba en las habitaciones y las risas de los que estaban en el salón al ver la cómica escena del joven escapando de la Loba. Agustín, al ver a su hijo era el objeto de las burlas, corre al segundo piso, lo toma por un brazo con fuerza y lo envía nuevamente a la habitación.
— ¿Qué te pasa?, no me dejes en vergüenza delante de todos — dice Agustín de malhumor y mira a la loba — Tú, se supone que sabes tratar con estos niños.
— Disculpe señor, no volverá a pasar, es solo que su hijo no se deja enseñar — respondía de manera afligida la mujer
— No papá vámonos... vámonos ahora — suplica Víctor atemorizado.
— Cállate. Si no estás con esta mujer, quedarás como un estúpido con tu esposa en la noche de tu boda.
— Lo que tenga que hacer, solo dímelo y aprenderé.
— No seas degenerado, eso no te lo voy a decir yo. Ya eres mayor, no puedes estar esperando a que tus padres te sigan limpiando las narices. Ahora entra, antes que lleguemos a casa y te agarre de varillazos — Agustín sin esperar respuesta de su hijo, cierra la puerta nuevamente.
— Señor por favor, si no hago mi trabajo no me pagarán y mi reputación caerá — ruega la loba.
Esta era la situación más incómoda en la que Víctor se encontraba, y aunque estaba asustado, deja que la Loba lo guíe. Ella lo recuesta en la cama y lo desnuda, acariciando lo que tenía entre sus piernas y lo hacía hombre, a lo que él cierra los ojos y aprieta los dientes cuando ella comienza a frotando para estimularlo. La mujer paso un par de minutos dándole caricias, pero estas no sustraían efecto para poder comenzar con el acto, el muchacho no estaba tranquilo ni relajado para poder iniciar y ya después del rato, se cansó.
— Ya muchacho, esta noche estás imposible, vístete y vete con tu padre — dice cansada la loba
— ¿Termino?... ¿eso era todo?
— No chico... ni siquiera empezamos, pero es mejor que vengas otro día y te calmes, te daré un consejo para que te ayude la próxima vez.
La Loba le explica de manera general en qué consistía el coito y que no es nada malo ni doloroso, pero le aconseja traer algunas cosas para la próxima vez.
Víctor termina de vestirse y va donde su padre en compañía de la loba.
— Bajaste pronto... ¿Qué pasó?
— El muchacho está muy nervioso — dice la loba — pero no es la primera vez que algo así ocurre, es frecuente en los jóvenes estén asustados en su primera vez. Tráigalo otro día, estoy segura que no tendrá problemas
Agustín le paga a la Loba y sale con su hijo al carruaje que les estaba esperando. Cuando ambos ya estaban en el interior, el señor Fortunato le da un palmetazo en la nuca a su hijo.
— No sé porque has hecho tanto escándalo
— ¿Tú también hiciste eso? — pregunta Víctor frotándose en donde le habían golpeado.
— Todos ¿cómo crees que podrás tener hijos?
— Esa mujer me daba miedo
— Podemos buscar a otra, pero confía en mí cuando te digo que la experiencia es buena
— Tú me dices eso, pero desde que han decidido casarme a la fuerza omitiendo mis sentimientos, ya no confío en ti, ni en mi madre, porque no buscan mi bienestar, solo sus intereses.
***
Pasaron algunos días, Víctor no le contó sobre el incidente en el burdel a Amelia, se sentía avergonzado, pero le preocupaba más que cada vez faltaban menos días para su matrimonio arreglado.
— Has estado callado... ¿te pasa algo? — pregunta Amelia, sentada en unas viejas cortinas enrolladas que estaban en el suelo del ático.
— Solo estoy preocupado, es todo.
— Yo también lo estoy, se nos acaba el tiempo
— Amelia ¿tú sabes como vienen los bebés al mundo? — Víctor pregunta de manera pensativa
— Pues claro que sí.
— ¿De verdad?... ¿Como?
— Se le reza a Dios querer un hijo, luego él envía a la cigüeña con un bebé desde Paris y lo deja en el interior del ombligo de la madre, luego ella lo tiene y nace.
Eso era lo más tonto que Víctor había escuchado, pero ella aún creía en esos cuentos de niños y la mira con ternura, acariciando su mejilla.
— Tienes razón, se me había olvidado eso. Amelia necesito un favor de tu parte
— ¿Qué es?
— Tienes otro uniforme ¿verdad? necesito que me lo pases
— ¿Para qué lo quieres?
— Solo lo necesito para algo, te lo regresaré mañana.
— Si, lo traeré, pero tienes que cuidarlo, está limpio
— No quiero ese, quiero que me pases el que estás usando ahora, el otro puedes ocuparlo
— Pero no entiendo ¿Por qué?
— No puedo decirte, pero me ayudaría para algo que debo hacer, por favor
Amelia percibía algo de preocupación en la voz de Víctor y prefiere acceder. Luego de regresar a su casa, cambia su uniforme y coloca el que estaba usando en un bolso, entregándoselo a Víctor al regresa a la mansión.
Como ya había pasado un tiempo prudente desde el encuentro con las Lobas, Don Agustín lleva nuevamente a su hijo para concluir con él asunto, puesto que faltaban pocos días para el matrimonio.
— Hola joven señor, ¿ha traído lo que le indiqué? — pregunta la loba al ingresar el muchacho a la habitación.
Él le muestra el bolso que tenía en las manos, se lo entrega y ve como ella comienza a colocarse el vestido de Amelia. La Loba después de su último encuentro, le recomendó que traiga alguna prenda o accesorio que fuera de alguna muchacha que lo tenga cautivado, así, esa noche no lo pasaría con ella, sino con la joven que él quisiera.
— ¡Valla! una sirvienta, ¿Es bonita? — pregunta interesada la loba.
— Si, ella es hermosa — responde Víctor al quitarse las prendas, quedando solo con ropa interior.
La Loba quita la cinta del vestido y le venda los ojos.
— Es mejor que no veas, recuéstate e imagina que estás con la dueña de este vestido, yo dejaré de hablar para no interrumpir tu imaginación.
La Loba sabía que el muchacho estaba nervioso, así que, de manera sutil, le toma las manos para que la toque por encima del vestido. Al sentir el aroma y la textura de la tela, Víctor imaginaba que estaba con su amada Amelia y que ella le tomaba las manos, para que tocara su cuerpo, produciéndole deliciosas cosquillas en el estómago, como si fuera un pequeño fuego que ardía. Aquel contacto estimulaba sus sentidos, haciendo que su virilidad se hinche, momento ideal para que la Loba pueda actuar, retirándole de manera cuidadosa la ropa interior y posicionándose encima de él para penetrarse. Víctor lanza un gemido de asombro, no esperaba eso, pero realmente se sentía muy bien aquella presión, calor y humedad que envolvía su m*****o, era algo muy placentero, y lo mejor de todo, es que seguía imaginado que quien estaba con él, era Amelia.
Luego de unos minutos, el joven tímido comenzó a disfrutar y a tocar por debajo del vestido, mientras la mujer seguía moviéndose. Al pasar unos minutos, la loba se retira para recostarse sobre la cama y que el muchacho tome la iniciativa, a lo que rápidamente él, se posiciona encima para continuar y no detener aquella sensación tan agradable, abrazándola con fuerza, mientras olía el uniforme, murmurando tiernas palabras de amor.
Continuaron así por unos minutos más, hasta que Víctor logra alcanzar el éxtasis, respirando de manera entrecortada. La loba se retira de la cama y se saca aquel vestido, doblando cuidadosamente y dejándolo encima de una silla, mientras el joven que permanecía en la cama, se retira la venda de los ojos para regresar a la realidad.
— ¿Así que se llama Amelia? — pregunta la Loba — te debe de gustar mucho, mencionaste su nombre varias veces.
Víctor se levanta de la cama y se viste rápidamente sin responderle a la mujer que le hablaba, a lo que ella continúa.
— Estas aquí porque te vas a casar, pero dudo que sea con la dueña de estas prendas, así que no creo que la ames lo suficiente
— Eso no es verdad, yo la amo con mi vida — responde molesto Víctor.
— ¿De verdad?... y ¿por qué no te casas con ella en vez de otra mujer?
— Porqué me obligan a casarme con otra. Ella es una sirvienta, no me lo permitirían.
— Típico de los ricos, solo están obligados, pero la verdad es que a ti nadie te obliga, si la quisieras de verdad, la robarías y te la llevarías lejos
— ¿A qué te refieres? — pregunta sin comprender.
— Ella no puede ser una chica rica, pero tú puedes ser un chico pobre, si escapas con ella, puedes buscar un lugar lejano en donde volver a empezar, donde nadie los conozca, la podrías hacer tu esposa
Lo que decía esa mujer tenía mucho sentido para él, nunca consideró en que existía una posibilidad de hacer a Amelia su esposa, pero esa opción, era algo radical.
— Pero seguramente te casarás por obligación, ya que los ricos le son más fieles a su comodidad y a su dinero que a su corazón. Luego toman de amante a aquella sirvienta, les arruinan la vida y muchas terminan trabajando aquí por la deshonra
— Pero escapar es difícil, comenzar una nueva vida, ¿cómo podría mantenerla sin dinero?, viviríamos de manera precaria, quizás no tendríamos que comer, ni donde dormir.
— Siempre se puede. Las Lobas ayudamos a los amantes, si estas decidido a ser valiente y luchar por tu amor, ven a verme, pero dudo que regreses por ese motivo.
Víctor estaba pensativo y comienza a meditar seriamente en lo que le decía la loba. Toma el bolso con las prendas de Amelia y sale junto a la mujer fuera de la habitación.
Agustín estaba sentado en el salón de fiestas, viviendo una copa de vino, viendo regresar a su hijo con la loba tras de él.
— Y bueno... ¿Ya está? — pregunta expectante
— Si señor — responde la mujer — Tiene que estar orgulloso de su hijo, es todo un hombre y sabe cómo complacer a una mujer
— Que bien muchacho — dice Agustín respirando aliviado, pasándole una copa de vino a su hijo — toma, vamos a beber, ya estás listo para contraer nupcias.
Víctor recibe la copa que le entregaba su padre y antes que la Loba se retire, ella le hace un gesto de que piense en lo que hablaron. Realmente tenía que meditar sobre aquello, puesto que una decisión como esa, podría liberarlos o destruir sus vidas. No era una fácil elección.