Después de la violenta situación vivida por Amelia con aquel cliente de las lobas, esta solo quería marcharse del burdel con su esposo, le tenía miedo a ese lugar y a que alguien abriera la puerta de su habitación cuando estuviera sola. No faltó mucho tiempo para que su problema se solucionará, ya que Dorotea les encontró un buen lugar que se estaba vendiendo. Era un domingo muy soleado de primavera y los esposos caminaban junto con Dorotea luego de ir a la iglesia, para conocer el lugar que esperaban, fuera su nuevo hogar. — Yo vivo por aquí cerca, el dueño es mi vecino y charlando me comento sobre esta propiedad — decía la anciana. — Es difícil encontrar un lugar que ya tenga una casa — comenta Víctor — Su hijo la construyó para su familia, pero ellos se marcharon a otra ciudad y ya

