Amelia estaba preocupada, se negaba a ella misma que algo no estaba bien mientras caminaba rápidamente al burdel. Sus dolores comenzaban a ser más intensos, y solo se decía a sí misma, que era porque el bebé estaba creciendo y así debía de sentirse. Ya solo le faltaba una calle para llegar, cuando siente que un líquido viscoso corría por sus piernas, así que prácticamente llega corriendo y abre la puerta de su habitación, se levanta las faldas para descubrir que sus ropas estaban empapadas con sangre. Comienza a llorar, gritando desesperada a las lobas. - ¡AYUDA!... POR FAVOR... Varias lobas que estaba por las cocinas ingresan rápidamente en la habitación y al verla, varias comienzan a quitarle el vestido y a recostarla en la cama. - Iré por la partera - dice una de las mujeres y sale

