Capítulo 7

2098 Palabras
Mientras Víctor cepillaba a Pimienta en el establo, escucha que Amelia hablaba alegremente con Juan y planificaban como irían a una fiesta que organizaban los trabajadores. — ¿De qué fiesta hablan? — pregunta ya sin poder aguantar su curiosidad. — Todos los años hay una fiesta en el campo para los trabajadores — responde Amelia — es un gran evento, vienen personas de otras casas y de ciudad vecinas. Esta es la primera vez que iré. — Me gustaría ir — dice Víctor — No puede ir usted señorito, es solo para los trabajadores, interrumpirá la celebración si el hijo del patrón llega — intervenía Juan. — Es verdad Víctor, es como si alguno de nosotros fuera a las fiestas donde bailas con la viuda — Amelia lanza una carcajada para fastidiar a su amigo. Víctor vuelve la mirada a su yegua color azabache. Le habría gustado participar en esa fiesta, estaba seguro que Amelia la invitarían a bailar otros muchachos y eso le enoja de solo pensarlo. — Pimienta esta lista, llévala de regreso Juan — termina diciendo Víctor — Si señorito — Volvamos a la casa Amelia — le indica Víctor — Si... adiós Juanito — se despide Amelia y ambos se regalan una sonrisa, lo que molesta a Víctor. Amelia estaba feliz, puesto que sus padres por fin la han dejado participar en estas fiestas, ahí conocería a otras personas y podría hacer amigos. Los padres de Amelia al igual que los padres de otros jovencitos, llevaban a sus hijos con el propósito de que encuentren una buena pareja que, posiblemente terminen en matrimonio, es por eso que para Amelia está seria su primera fiesta, ya que al ser bonita, llamaba la atención y seguramente tendría varios pretendientes. Mercedes estaba sentada en la sala, escuchando a su hijo tocar el piano mientras bordaba en compañía de Amelia. — Supe Amelia que irás a una fiesta — saca Mercedes el tema a conversación. — Si señora... será este sábado — ¿Y qué vestido usarás? — Bueno, mi madre me pasará un vestido viejo que tenía de cuando ella era más joven — No quiero ofender a tu madre, pero tengo varios vestidos que ya no ocupó, están en el ático, si alguno es de tu agrado, tráelo y lo arreglamos ahora — Oh señora, muchísimas gracias — dice Amelia con gran alegría. Rápidamente la joven sale del salón para dirigirse al ático. Víctor se detiene al tocar el piano y habla con su madre. — ¿Porque esa fiesta es tan importante? es solo una fiesta campesina — Porqué si Amelia tiene suerte, encontrará un buen partido para comprometerse, además que ella es una joven muy linda, le será muy fácil romper algunos corazones, por lo que veo, seguramente se casará para el próximo año. — Madre, yo también quiero ir — dice Víctor con esperanzas. — Claro que no Víctor, nosotros vamos a otros tipos de fiestas — Si claro, en donde se aparece la viuda — dice con fastidio Víctor — Ay Víctor, ni me menciones a esa mujer, estoy cansada de ella — Dice Mercedes de forma cansada — A tu padre ya le ha dado indicios de que quiere comprometerse contigo — ¿Y qué le dijo? — pregunta Víctor asustado — Por supuesto que le rechazó, no te casaríamos con una mujer mayor que nosotros, primero me muero antes que ver algo como eso. — Madre, ¿yo podré elegir con quién quiero casarme? — La idea de las fiestas donde te llevamos, es justamente eso, que elijas alguna jovencita que sea de tu agrado — Pero... y ¿si no es una chica rica, ni de alta posición social? — Me temo que no Víctor, y si te gusta alguna joven que es de condición humilde, te aconsejo que abandones esos sentimientos — Mercedes ya sabía que su hijo se lo estaba diciendo por Amelia, y era el motivo por el cual estaba ayudando a la joven, ya que sabía que a él le gustaba por ser cercana y una chica atractiva. Amelia estaba buscando en el ático, los vestidos que ya no ocupaba la señora Mercedes. Todo estaba muy sucio, pero miraba los trajes que estaban cubiertos por sábanas blancas, algunos estaban apolillados, pero otros se mantenían hermosos. — Aquí está muy sucio y lleno de polvo La joven se sobresalta cuando escucha a Víctor y se voltea para verlo. — No deberías estar aquí, ensuciarás tu linda ropa — ríe de manera juguetona Amelia — Para eso te tengo a ti, para que limpies los desastres que dejo — ríe Víctor, mirando las cosas que estaban en aquel ático, hasta que algo llama su atención — ¡oh! mira, está el caballito de madera ¿lo recuerdas? Víctor saca el pequeño caballo mecedora y se sube en él agachándose, sentándose en el pequeño asiento para luego mecerse, lo que le produce a ambos jóvenes risa, pero Amelia estalla en carcajadas, cuando el pequeño caballo se rompe haciéndolo caer a Víctor debido al peso. — Que ridículo — carcajeaba Amelia, sin poder controlar la risa, al ver como Víctor estaba en el suelo, desenredando sus piernas de aquel juguete. — Creo que ya no puede cabalgar — termina diciendo Víctor, colocándose de pie y sacudiendo su ropa, mientras reía. — Tu madre tiene vestidos muy hermosos, mira este — Amelia le muestra un vestido celeste. — Si, es bonito ¿bailarás con Juan en la fiesta? — pregunta Víctor ya sin sonreír. — Si, y quizás con otras personas, también con papá — Yo quería ir, para poder bailar contigo Amelia baja la vista y sonríe tímidamente, que Víctor le dijera eso, le aceleraba el corazón. — A mi también me gustaría bailar contigo — Entonces bailemos, seré tu primer baile — la toma por la cintura y su mano para guiarla en un vals. — Pero no tenemos música — dice Amelia. Estaba avergonzada de estar tan cerca de él. Su cuerpo experimentaba sensaciones extrañas y su piel se eriza por el contacto con Víctor. — Solo tienes que imaginar que existe — Comienza a tararear una melodía mientras la miraba. Amelia deja la vergüenza de lado, puesto que, para ella, era tan lindo mirarlo de cerca, que pronto estaba hipnotizada por ese momento. Durante esa noche, Amelia abrazaba a su arlequín, mientras estaba recostada en su cama esa noche antes de dormir. Ella sabía que estaba enamorada y apreciaba cada momento que lograba tener un contacto con Víctor, a pesar de que sabía que él era alguien imposible para su vida, estar de esa manera y sentir lo que sentía, era un placer culpable que se volvía cada vez en una adicción. *** La fiesta estaba muy animada en los campos, había una pista de baile y varias mesas que ofrecían refrigerios. Amelia, sus padres y hermanos se encontraban en el lugar, a excepción de José, su hermano mayor, que ya tenía medio año de casado y ahora vivía en una ciudad vecina junto con su esposa. Amelia se veía hermosa, el traje que le dio la señora Mercedes lo arregló de tal manera, que le alcanzó para crear un collar y algunos adornos para su cabello. Ya algunos jovencitos se le acercaron para invitarla al baile, pero no los conocía y prefería quedarse cerca de sus padres. — Amelia, los bailes son para que conozcas a otras personas, acepta bailar con los muchachos — le indicaba su madre — Es que prefiero bailar con papá — Es un halago que esta hermosa muchachita eligiera a esta viejo en vez de algún jovencito — reía Teodoro, así que toma la mano a su hija y va con ella a la pista de baile, uniéndose al resto de parejas que danzaban al compás de una alegre melodía. Al terminar el primer baile, un muchacho se acerca y le pide permiso al señor Teodoro para continuar el baile con Amelia, quien le concede muy feliz. Luego de un rato varios muchachos hablaron y bailaron con ella, pero pasado el tiempo, Amelia quería regresar para sentarse y beber algo, pero cada vez que podía hacerlo, llegaba otro joven a insistir que le conceda esa pieza de baile, algunos muchachos se repetían el poder bailar, pero Amelia estaba cansada, hasta que llega Juan y estaba dichosa de verlo. — Juanito, que alegría de verte, sácame de aquí — le suplica Amelia con voz baja. — Y yo que vine para poder bailar contigo — ríe Juan — vamos a beber algo — Le ofrece el brazo y la saca de la pista. Ambos se acercan a una mesa y una señora les sirve ponche que sacaba de una gran olla, a lo que Amelia lo bebé rápidamente, debido a que estaba sedienta y pide otro poco más. — Realmente tenías sed — sigue riendo Juan — ¿Cuándo llegaste? no te vi — pregunta Amelia, mientras seguía bebiendo de su vaso. — Recién. Fuimos a buscar a unos amigos de mis padres, por eso llegamos más tarde — Mi padre me dejó en el baile y no me dejaban salir — se quejaba Amelia — Es que eres la chica más hermosa que está en la fiesta, por eso todos quieren bailar contigo — responde Juan sonriendo — Eso no es verdad. Yo solo quería conocer personas, pero no de esta forma — Es mejor que te quedes conmigo, o te acapararán nuevamente Amelia charlaba alegremente con su amigo, pero cada tanto se acercaba algún joven a pedirle nuevamente bailar, a lo que ella lo rechazaba. — Vamos a bailar — le pide Juan a su amiga — No quiero ingresar nuevamente ahí — No te preocupes, no te soltaré. Además, que yo no he podido bailar contigo Finalmente, Amelia acepto, así que ambos fueron a la pista para bailar. Al estar Juan con ella, la divertía y no la ponía tensa como con aquellos otros muchachos que no conocía. Luego de un rato sentía la mirada penetrante de Juan y no sonreía como ella lo hacía con él, aquella mirada profunda le hacía sonrojar. — ¿Pasa algo? — pregunta Amelia Juan le toma la mano y la invita a caminar por una parte más alejada donde no había gente, hasta llegar cerca de un árbol, para poder charlar en privado. Él no decía nada, solo la seguía mirando de una manera extraña. Amelia mira para todos lados y vuelve a Juan, no entendía porque estaban en ese lugar. — ¿Porque vinimos aquí? — Es que, quería tener un lugar donde no nos interrumpieran — Juan toma las manos de ella y se las acaricia, dando un pequeño suspiro. Amelia esperaba a que Juan hablara, pero este se mantenía en silencio, solo acariciando de sus manos con sus pulgares. Ella rápidamente comprende lo que estaba pasando, pero esperaba que eso no ocurriera. Estaba asustada, no quería perder a su amigo. — Solo quería decirte... que estoy profundamente enamorado de ti. Solo quiero saber si en tu corazón ¿tengo alguna oportunidad de que tengas sentimientos por mí? — Juan mantenía una mirada dulce y una voz que no ocultaba su nerviosismo. — Pero eres mi amigo... yo no lo sé, dame tiempo para pensar — responde Amelia y aparta la vista. — Sé que mi confesión te ha incomodado y asustado, pero te aseguro que seré tú eterno enamorado — Es que no quiero hacerte sufrir, no he pensado en ti de esa manera. — Esperare por ti, hasta que tengas una respuesta, te enamoraré, dame la oportunidad de cortejarte. Amelia miraba los ojos de Juan que estaban brillando. Él no era un chico feo, al contrario, era alto y musculado, pero sólo pensaba en Víctor, aunque sabía que él era un imposible y quizás lo mejor era olvidarse de ese sentimiento y Juan podría ayudarle. — Esta bien, trataré de pensar en ti de forma romántica, pero no puedo asegurarte nada — termina diciendo Amelia — No importa, solo quiero la oportunidad. ¡Oh! Amelia, te aseguro que te haré muy feliz, si me aceptas, seré un esposo dedicado a cumplir tus necesidades. Aquella felicidad en Juan se desbordaba y sin poder contenerse, le besa en la mejilla y la abraza. Durante el resto de la velada Amelia estaba pensativa por la declaración de Juan, miraba como este se mantenía alegre durante la fiesta, cada tanto la llevaba a bailar, le ofrecía ponche o le decía tiernas palabras de amor, realmente él quería ganarse su corazón.
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