El tiempo pasaba, Víctor y Amelia ya no podían salir a la calle tranquilamente como antes, la gente se les quedan mirando y murmuraban, algunos les gritaban en forma de burla que ahí estaba los Fortunato y en correos, a Víctor le llamaban por su verdadero nombre como un apodo. Amelia salía ahora con un velo a la calle, para cubrir su cabello y cada cierto tiempo se les aparecía el cazarrecompensas quien los seguía. Los cálidos días cambiaron por fríos días de invierno, pero el hogar de los esposos era cálido, con una buena calefacción de chimenea que los protegía del crudo invierno de este año. Esa noche llovía estrepitosamente, con fuertes vientos que golpeaba las ventanas y los maderos rechinaban. Amelia estaba preocupada por Víctor, ya que debía de estar de regreso, pero el viento y l

