Víctor estaba trabajando como de costumbre esa mañana en correos. Todo estaba tranquilo, hasta que llegan dos hombres corpulentos acompañando al cazarrecompensas que se dirigía hacia él. — Buen día Don Víctor — saluda el Cazarrecompensas de manera cortés, mientras tomaba asiento y le entrega un periódico y un ticket de lectura. — Buen día — Le saluda Víctor de manera cortante. Ver a este hombre le arruinaba el día, ya que, desde el primer encuentro, cada tanto se le aparecía para atosigarlo diciéndole que él era Víctor Fortunato. — Me gustaría que me lea el artículo de la primera plana — Señor... por favor, deje de fastidiarme o llamaré a la policía, usted y yo sabemos que puede leer. — Oh si... por supuesto, pero soy un amigo muy considerado y el periódico acaba de salir. Estoy segur

