Los esposos trabajaban en la casa de la Señora Teba. Víctor aprendía a ser más rápido para limpiar la tierra, conociendo ahora los trucos sobre las faenas campesinas. Amelia ayudaba en la cocina y limpiaba la casa, para ella esto era una tarea sencilla, puesto que esta casa era pequeña en comparación a la gran mansión Fortunato y el mayordomo estaba encantado que todas las labores fueran realizadas tan ágilmente, que ya tenían incluso tiempo libre y especialmente para la señora Dorotea, quien podía descansar con frecuencia y sentarse en la cocina para beber un té. Desde que la pareja escapó y llegaron a la Ciudad del Puerto, han pasado 2 meses. — Eres una jovencita muy hacendosa ¿tu madre te enseñó? — dice Dorotea mientras estaba sentada en la mesa de la cocina, limpiando unas legumbres

