Amelia comenzó a retornar sola al cuarto en el burdel. Su amiga Perla, todas las tardes la esperaba en su habitación para acompañar, hasta que llegará su esposo. — Perla, eres una mujer tan bonita ¿No has pensado en salir de aquí? — pregunta Amelia, mientras bordaban las nuevas sábanas que habían confeccionado. — No. Este lugar no me molesta, además que no se hacer otra cosa y me siento protegida con el resto de mujeres. — Pero, tal vez, tener una familia. — Nada de eso. No me imagino una vida como la tuya Jazmín, con un esposo y una historia romántica, siempre he estado sola y me gusta estar así. Perla era huérfana, cuando tenía suficiente edad dejó el orfanato, ya que, para ella, cualquier lugar era mejor que ese sombrío antro, ya muchas decían que lo mejor era trabajar en los campo

