Bajan juntas las escaleras y se sientan en los taburetes altos, una de cada lado de la mesada que sirve también de mesa. Cecilia la mira dulcemente y toma sus manos por encima de la mesa acariciándola con ternura como solía hacerlo cuando era pequeña, cuando era su bebé. Deja sus manos y se pone de pie para preparar el desayuno de ambas, un rico y aromático café con abundante azúcar para endulzar el día, unos cupcakes caseros de chocolate y vainilla hechos por ella misma, hay cosas que no cambian nunca como su pasión por la cocina y el querer mimar a sus niñas. Sirve todo en la mesa y se sienta nuevamente frente a Laura que la observa atenta. — ¿Mamá? — le dice llamando su atención. — ¿Si pequeña? — responde con otra pregunta. — ¿Tú te sientes sóla? digo aquí en esta enorme casa si

