II-Soñando despierta.

412 Palabras
No sé qué pasaba conmigo, quería morir, no entendía porque sonreía como idiota recordando mil veces la escena de este hombre entrando en mi vida. ´´Hola!, yo soy Jayder y estoy disponible para lo que usted desee’’ estas palabras se repetían en mi cabeza mientras veía su cara y no salían de mi mente sus ojos color miel en los que me perdí desde el primer momento, repasaba cada parte de él: sus cejas perfectas, sus ojos color miel y coquetos mirándome con deseo, su nariz refinada, su piel morena, su altura, sus manos estrechando las mías, ese perfume que quedó impregnado en mi mano, suspiraba como tonta y recordaría para siempre su camisa azul perfectamente planchada, su corbata negra centrada a la perfección, su pantalón n***o que destaca sus nalgas redondeadas que desee tocar en cuanto se dio la vuelta, también me derretía pensando en que me llamó hermosa cuando mi madre me había dicho tantas veces que me estaba poniendo como una vaca y que ningún hombre me iba a mirar (sentía que como en las películas él era el chico popular siendo lindo con la fea, la gorda o la nerd para luego burlarse, pues me había dejado de sentir bonita desde que mi madre a quien debía de parecerle hermosa me había hecho sentir que no lo era) no entendía como con 14 años yo podía tener estos pensamientos por motivo de este hombre y me sentía pecadora y angustiada. Jayder... No entendía qué me estaba pasando, no sabía por qué estaba sonriendo como un pendejo pensando en ella e imaginando sus labios tan pequeños una y otra vez, repasaba todo de ella, sus ojos inocentes y brillantes llenos de vergüenza (me perdí en ellos), su nariz refinada, su piel morena, sus pechos perfectos, esos gorditos que provocaba mordisquear, sus manos pequeñas y delicadas con esas uñas francesas que eran mi delirio en unas manos femeninas, su cabello perfectamente organizado, sus pies (si hubiesen visto esos pies tan perfectos suspirarían, una mujer con los pies arreglados tiene el cielo ganado), su vestido marrón de tirantes con flores y piedrecillas de colores que dejaban al descubierto sus pechos y caían en esos muslos jugosos (fuera de sus pechos y sus piernas no era mi tipo de mujer, pero todo en ella me encantó) también me preguntaba porque se sintió tan incómoda cuando la llamé hermosa si realmente era la gordita más bella y sexi que había conocido.
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