Capítulo 2

944 Palabras
Un Encuentro Difícil  La mañana siguiente trajo consigo un aire fresco y tranquilo a la mansión Lehmann. Mientras el sol se filtraba por las ventanas, iluminando los pasillos con una cálida luz dorada, Fiorella, la nueva sirvienta, se preparaba para comenzar su jornada de trabajo. Al bajar las escaleras hacia la planta baja, Fiorella se encontró con Friedrich, quien la recibió con una sonrisa amable y unos buenos días corteses. Agradecida por su gentileza, Fiorella devolvió la sonrisa y continuó su camino hacia la cocina. Sin embargo, su encuentro con el hermano de Friedrich, Heinrich, fue completamente diferente. Mientras Fiorella cruzaba el vestíbulo, cuando este apareció de repente, su rostro contorsionado en una mueca de desagrado al verla. —¿Qué estás haciendo aquí? — gruñó Heinrich, su tono lleno de desdén. Fiorella se quedó paralizada por un momento, sorprendida por la brusquedad de la pregunta. Tragando saliva, intentó mantener la compostura mientras respondía: —Soy la nueva sirvienta, señor. Ayer vine a presentarme, pero usted estaba descansando, yo le ayudare en lo que necesite — le dijo Fiorella mirándolo directamente a los ojos, a diferencia de su hermano Heinrich posea unos ojos verde los cuales le recordaba el musgo que recubría los árboles de las montañas de su pueblo Heinrich la miró con desprecio, sus ojos fríos y penetrantes. —No necesitamos a una sirvienta adicional y no necesito ayuda — dijo con brusquedad. —Dile a mi hermano que cancele tu contrato y vete. Fiorella sintió un nudo en la garganta, pero se obligó a mantener la cabeza alta. —Lo siento, señor, pero sus padres me contrataron. Estoy aquí para quedarme — le dijo con orgullo no podía perder este trabajo y no lo haría por niño mimado y amargado con la vida Heinrich dejó escapar un gruñido de frustración antes de apartarse bruscamente con su silla de ruedas, dejando a Fiorella sola en la habitación de este, con el corazón latiendo con fuerza en el pecho. A medida que continuaba hacia la cocina, Fiorella no pudo evitar sentirse herida por el trato cruel de Heinrich. A pesar de su determinación de no dejar que sus palabras la afectaran, no pudo evitar preguntarse qué había hecho para merecer tal desprecio, él ni siquiera la conocía no habían cruzado ninguna palabra. Mientras se sumergía en sus tareas, el encuentro con Heinrich seguía resonando en su mente, dejándola con una sensación de malestar que no podía sacudirse. Y aunque intentó mantenerse enfocada en su trabajo, no pudo evitar preguntarse qué le depararía el futuro en esa mansión llena de secretos y tensiones. Mientras ella continuaba con sus labores en la casa, trató de apartar de su mente el encuentro con Heinrich. Sin embargo, cada golpe de su corazón parecía recordarle la desagradable interacción una y otra vez, no podía olvidarlo, tenía que ganarse su confianza porque si él no la quería ella seria despedida y entonces tendría que volver a Italia ora cansarse con un hombre que no quería, pero le daría el sustento económico que necesitaba para su familia. El resto de la mañana transcurrió con relativa calma, con ella ocupada preparando el desayuno y atendiendo las necesidades de los demás habitantes de la mansión. Fue al mediodía cuando el destino la llevó una vez más al encuentro del hermano de Friedrich. Mientras llevaba una bandeja de comida a la sala de estar, Fiorella se encontró con Heinrich, quien estaba sentado en su silla de ruedas frente a la ventana, con una expresión sombría en el rostro. Al verla entrar, él frunció el ceño y la miró con desdén. —¿Qué es eso? — preguntó, señalando la bandeja con desprecio. —Es el almuerzo, señor — respondió Fiorella, tratando de mantener su voz firme a pesar de la creciente incomodidad. —Pensé que podría tener hambre — Heinrich resopló con desdén. —No necesito que una sirvienta me sirva la comida—dijo con frialdad. —Déjalo allí y lárgate. Fiorella asintió con nerviosismo y colocó la bandeja en una mesa cercana antes de retirarse apresuradamente de la habitación. Mientras caminaba por los pasillos, una mezcla de indignación y tristeza se apoderó de ella. ¿Cómo podía alguien ser tan despectivo y cruel? A pesar de sus intentos de mantenerse optimista, no podía evitar sentirse desanimada por el trato despectivo que recibía de él. Y mientras se preguntaba qué había hecho para merecer tal hostilidad, una sensación de injusticia crecía en su interior. Pero lo peor aún estaba por venir. Esa misma tarde, mientras realizaba sus labores en la biblioteca, Fiorella se encontró con Friedrich, el hijo mayor de los Lancaster. Ella organizaba los libros en la estantería, mientras él fingía leer un libro cuando en realidad la estaba observando, veía como subía y bajaba de la pequeña escalera que usaba para poder tomar un libro ponerlo en orden, así decidió se levantó y él le ofrecía los libros a ella. En un momento de descuido, sus manos se tocaron brevemente mientras él le entregaba un libro, y una chispa de electricidad recorrió su cuerpo. Sin embargo, antes de que pudieran reaccionar, la prometida de Friedrich, una mujer de belleza imponente irrumpió en la habitación y los encontró en esa situación comprometedora. El rostro de Fiorella se tornó carmesí mientras intentaba explicar lo sucedido, pero la prometida de Friedrich los observaba con una mirada helada, dejando claro que no estaba dispuesta a tolerar ninguna indiscreción. El ambiente tenso y cargado de la habitación pesaba sobre Fiorella como una losa. Se sentía atrapada en una situación incómoda y humillante, y sabía que las consecuencias de ese encuentro no tardarían en hacerse sentir.
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