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Embarazada del Ceo por Error

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Descripción

La noche antes de su boda, Helena York descubre que su prometido la engaña con su hermana adoptiva y decide vengarse públicamente durante la ceremonia, exponiendo la traición ante toda la élite de Donttan. Humillada y repudiada por su familia, abandona la ciudad esa misma noche y, tras un incidente en una carrera ilegal, pasa la noche con un desconocido cuyo rostro jamás logra recordar con claridad. Cinco años después, convertida en una empresaria exitosa y madre de mellizos, regresa a Donttan para cerrar una alianza estratégica con el conglomerado más poderoso del país. Lo que no imagina es que el frío e imponente presidente de esa corporación es el mismo hombre con quien estuvo aquella noche… y que él empieza a sospechar que los niños podrían ser suyos. Entre secretos, orgullo y viejas heridas, Helena deberá enfrentar un pasado que no recuerda por completo, pero que nunca dejó de perseguirla.

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Capítulo 1
En el último piso del hotel Nouvel, la puerta estaba ligeramente abierta. Los dedos de Helena York temblaban. Al escuchar las voces que provenían del interior, tomó una respiración profunda y abrió la puerta de una patada. Los dos en la cama gritaron. El hombre al que había amado durante diez años la miró con frialdad y gritó: —¡Vete de aquí! La mujer entre sus brazos era su primer amor: la hija adoptiva de la familia York. En ese momento, con una expresión llena de pánico, impotencia y falsa timidez, Eliza Collin murmuró: —Helena… Helena sintió una presión insoportable en el pecho. Se mordió los labios. —Owen, mañana es el día de nuestra boda. Sin embargo, la noche anterior a la boda, ¡él estaba en la cama con otra! Eliza lloró con tanta fuerza que su pequeño cuerpo comenzó a temblar. —Helena, por favor, no te enojes… Todo es culpa mía. Extrañaba tanto a Owen… No te preocupes. Después de la boda, nunca volveré a molestarlos… —¡Eliza! Owen Johnson la abrazó con fuerza y la cubrió con la bata de baño. —Cariño, ve a darte un baño. Yo iré en un momento. Eliza se secó las lágrimas y caminó obedientemente hacia el baño. Helena se quedó inmóvil en la puerta, con los puños cerrados y el corazón desgarrado. Levantó la mirada hacia él, pero antes de que pudiera decir algo, Owen la abofeteó con violencia. Su cabeza comenzó a zumbar. La bofetada fue tan fuerte que retrocedió varios pasos. Su mente quedó en blanco y perdió el equilibrio. Owen la tomó del cuello y la empujó contra la pared. —Debiste saberlo cuando decidiste separarnos y forzar nuestro maldito compromiso. La odiaba. Profundamente. A Helena le costaba respirar. Con gran esfuerzo, logró pronunciar: —Entonces… podemos cancelar la boda… —¿Cancelarla? Owen soltó una carcajada y la miró con crueldad. —No podemos cancelar la boda. Me casaré contigo y te torturaré hasta que mueras. Tú elegiste este camino, así que tendrás que soportarlo hasta el final. Después de eso, la golpeó con fuerza contra la pared, como si realmente quisiera matarla. Helena ni siquiera podía gritar pidiendo ayuda. —¡Owen! Eliza salió del baño. Al ver la escena, lo detuvo con lágrimas en los ojos. —¡Todo es mi culpa! ¡Debí dejar de amarte! ¡No debí estar contigo! ¡Por favor, no le hagas esto a Helena! ¡Golpéame a mí si eso es lo que quieres! Helena lo miró fijamente y comenzó a sonreír de forma extraña. Owen se quedó atónito. Pensando en la boda del día siguiente, la soltó. Helena se desplomó en el suelo. Owen la pateó como si fuera un perro muerto. —¡Fuera de aquí! Estaba a punto de desmayarse. Si no hubiera recibido su mensaje, jamás habría venido. Siempre pensó que, si él no sentía nada por ella, no habría aceptado la propuesta de matrimonio. Antes de perder el conocimiento, vio a Owen sosteniendo a Eliza en sus brazos. —¡Helena! ¡Estás despierta! Helena abrió los ojos y solo vio un mundo blanco. Sentía tanto dolor que su cuerpo parecía hecho pedazos. Los ojos de Madeline Smith estaban enrojecidos. —¡Estás en el hospital! Te llamé, pero no contestaste. Fui al hotel y te encontré desmayada en el pasillo… Owen y Eliza la habían dejado allí. Helena preguntó con voz débil: —¿Qué hora es? ¿Cuánto falta para la boda? —¿Estás loca? ¿Owen te trató así y aun así quieres casarte con él? Como su mejor amiga, Madeline no podía entenderlo. —¿Qué es lo que ves en él? Sí, es apuesto, pero no puedes… Helena tomó su teléfono y revisó la hora. Faltaban cuatro o cinco horas. Sonrió. —Por supuesto que iré a la boda. ¿Cómo podía soportar semejante humillación y dejar que Owen saliera impune? Ese no era su estilo. Se mordió los labios y se incorporó. —Madeline, cómprame analgésicos, por favor, y trae mi vestido de novia. Sus ojos brillaban con frialdad, aunque su voz sonaba tranquila. —Ya que es mi boda… por supuesto que los sorprenderé. Ella misma se maquilló y se arregló el cabello. Después de ponerse el vestido, se miró en el espejo y sonrió. —Un leopardo nunca cambia sus manchas. Haré esto a mi manera. Cuatro horas después… En la boda había arreglos florales exuberantes, una magnífica interpretación orquestal y numerosos invitados. Un mes atrás, la noticia de que Helena se casaría con el heredero de la familia Johnson había ocupado los titulares de la ciudad de Donttan. Helena estaba de pie al final del escenario. La marca de la bofetada en su rostro había sido cuidadosamente cubierta con maquillaje. Alta y esbelta, vestía un impecable vestido de novia blanco y una corona de diamantes. Su hermoso rostro y sus grandes ojos realzaban aún más su encanto. Era como si su mirada poseyera un poder mágico capaz de enloquecer a cualquiera. ¡La novia era deslumbrante! Su apariencia competía con la de una estrella de cine. Los miembros de las familias Johnson y York estaban sentados en el auditorio. Eliza, ubicada en los asientos asignados a la familia York, conversaba animadamente con sus padres, como si nada hubiera ocurrido. Owen permanecía en el escenario con aire despreocupado. Apenas escuchaba al maestro de ceremonias; de vez en cuando lanzaba miradas hacia Eliza. Solo cuando el maestro de ceremonias anunció la entrada de la novia, levantó la cabeza y caminó hacia Helena con evidente desdén. En el pasillo, pétalos y cintas caían revoloteando. Los invitados vitoreaban, mientras Eliza lloraba. De pronto, imágenes íntimas aparecieron en la pantalla gigante. Las escenas de Owen y Eliza juntos provocaron murmullos y sonrojo entre los asistentes. Cuando Owen comprendió que algo estaba mal y notó la burla en el rostro de Helena, se dio la vuelta casi sin aliento. Corrió hacia la computadora para apagarla, pero la pantalla continuaba encendida. Eliza, sentada entre los invitados, rompió en llanto y se cubrió el rostro. Sin expresión alguna, Helena contempló el caos con frialdad. Vio a Owen volcar una mesa y cargar a Eliza en brazos para salir del salón, mientras los padres de ella corrían a consolarla. Helena soltó una risa sarcástica y tomó el micrófono del maestro de ceremonias. —Owen, Eliza… ¿les gustó mi regalo de bodas? Su voz era firme, fría y cortante. Owen la fulminó con la mirada, los ojos rebosantes de ira. —Al principio —continuó Helena— le pedí a tu familia que aceptara este matrimonio porque creí que me amabas. Te entregué todo. Pero ahora… Miró a Eliza. —Yo no quiero basura. Hoy, frente a los medios, familiares y amigos, anuncio que este matrimonio es nulo. Para siempre. Se quitó el velo y el anillo de diamantes y los arrojó al suelo. —¡Helena! Hardy York corrió hacia ella, furioso. —¿Cómo pudiste arruinar la reputación de tu hermana? —¿Mi hermana? Helena soltó una carcajada amarga. Arrancó la cola de su vestido y, mientras se dirigía hacia la salida, declaró: —Desde hoy, no tengo nada que ver con esos dos infieles. Cuando ella se marchaba, Owen intentó seguirla. —¡Ah… me duele! Eliza se aferró a él, llevándose una mano al abdomen. —Eliza, ¿qué ocurre? Owen palideció. —Owen… yo… estoy perdiendo al bebé… Acto seguido, Eliza se desmayó. —¡Eliza! El rostro de Owen se ensombreció. —Esa perra pagará un alto precio.

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