Gilberto me carga sin previo aviso llevándome hacia adentro de la casa, no puedo evitar sonreír por eso. Ambos subimos las escaleras llevándome a una de las recamaras, no puedo creer que hasta la planta alta haya cambiado tan drásticamente. Él me baja con cuidado para verme fijamente a la vez que abre la puerta ¡Ay no! Me digo a mi misma cubriendo mis labios con asombro. —Es una habitación de música y tiene violines y hasta un piano—entro viendo todo eso. Está zona es exactamente igual a la de la hacienda, esto es demasiado. —Gilberto es que no puedo... Aceptar tanto... —Camila basta debes usar estas hermosas manos para aprender a tocar y ser una violinista reconocída a nivel mundial, tienes tanto talento y yo confío en ti. ¿Que tal si soy tu socio? —¿Cómo? —Bueno cuando haya

