Un minuto para la boda

2438 Palabras
Nadie se detiene a pensar en el momento exacto en que la noche devora al sol. Lo vivimos cada día como un acto común, sin reparar en el equilibrio que oculta: no hay oscuridad sin luz, ni calma sin tormenta. Y a veces, el amor más puro… nace del odio más profundo. El atardecer era perfecto, rojos y amarillo mezclados intensamente, el viento corría, moviendo las hojas de los cerezos, la humedad se repiraba, todo estaba listo, la boda mas esperada por la familia Toscano estaba a punto de hacerse realidad, un bello jardín cubierto de camelias blancas con con pistilos de un intenso amarillo, eran el lugar que durante semanas Cala Bennett había preparado, para al fin pertenecer a la familia de Antonio, el apuesto hombre que estaba más que ansioso por desposar a la mujer que terminaba de alistarse en la suite del del hotel. —¿Puedo pasar? —dijo Antonio, al golpear la puerta un par de veces, vestido de smoking, con los mejores zapatos de corte italiano, hechos a su medida, esperaba de pie detrás de la puerta, decidido a entrar. —No puedes verme antes de la boda —dijo Cala, mientras se acercaba a la puerta, ella era capaz de sentir la presencia de Anotnio, una sonrisa dibujada en su rostro solo era significaba la emoción qué sentía al ser la protagonista de aquella tarde. Divertida jugando con un par de mechones de su peinado alto, intentaba descubrir qué es lo que Antonio pretendía. —Amor, tú sabes que no creo en supersticiones, y necesito hablar contigo, hay algo que no puede esperar —con un tono serio uno que nunca antes había utilizado, fue escuchado por Cala, de inmediato supo, que algo pasaba, tomó la manija y abrió la puerta. —En verdad luces muy hermosa —acaricio su mejilla —, Cala, debemos hablar, y debe ser antes de la boda —explicó con cierta imponencia, Cala echó un vistazo en el pasillo, como si quisiera cerciorarse de no ser vista. —Pasa siéntate qué ocurre —dijo ella, con algo de mesura. —Cala, yo te amo —explicó, desabotonó su saco y se sentó al filo del sofá de color marrón —, no se como decir esto, traté varios días, busqué los escenarios perfectos para hacerlo, pero no fui capaz y ahora estás a punto de convertirte en mi esposa, en cuestión de minutos ya no serás Cala Bennett, serás Toscano, y perdón… todo fue ocurriendo, mi familia me lo advirtió, pero yo no vi la realidad, yo creí que solo serias una hermosa mujer que estaría de paso, te quedaste y yo —dando vueltas a la explicación Antonio no estaba listo, por mas que buscaba la forma, y el momento de explicarle lo que tenía para decirle. La mirada brillante de Cala, destellando incertidumbre a través del hermoso color verde se sus ojos, ponía a Antonio y cualquiera que la observaba en ese momento, en una situación de regocijo. No quería verla llorar, no quería verla sufrir, ni siquiera quería que ella en verdad supiera lo que él estaba a punto de explicar o que intentaba hacerlo, sin tener éxito. —Antonio, ¿está todo bien?, me estás asustando —dijo ella, se sentó frente a él, llevó los dedos de sus manos a sus sienes. Y espero cualquier cosa, "seguro terminará conmigo, está boda no se realizará". . —Sabes necesito un trago —Antonio se puso de pie, sirvió whisky en un vaso, y dejo la botella sobre una pequeña y alta mesa redonda, donde también descansaba el ramo de flores que Cala usaría en la marcha nupcial. —Cala, mi apellido no es por suerte, esta lujosa boda, es solo el reflejo —¿El reflejo de que? —preguntó ella enseguida, levantó la mirada y notó el brillo en los ojos color miel de Antonio. Sus labios temblaban con cada palabra el whisky parecía no surtir el efecto que él deseaba, tranquilizarse. —Mi familia, mi padre, mi difunto padre era un hombre poderoso, uno que… lo que quiero decir es que esta familia está maldita, y tú debes, tienes el derecho de saberlo. Cometí errores, muchos y… —tenía dificultad para ser honesto, sus muecas delataban la dificultad qué tenía para hablar, no era capaz de terminar las frases. —Antonio, basta —ella se puso de pie, tomó las mejillas de Antonio, y besó su frente colocándose de puntillas. —Cala —dijo Anronio con una voz dulce mirándola a los ojos. —Antonio estamos a punto de casarnos, por favor, lo que sea que tengas que decirme, no lo quiero escuchar, no ahora, debes irte, esperame en el altar —ella sonrió, parecía que aquella habitación se iluminaba con el blanco de su sonrisa, a través de la ventana, los últimos destellos del sol, atravesaban su tersa piel blanca, haciéndola brillar —Te amo, siempre te voy a amar —dijo él, besó los labios de ella y el sabor del whisky se impregnó en la boca de Cala. Salió de la habitación dejó el vaso sobre la mesa, Cala sirvió un poco más de whisky y lo bebió, le aterrorizaba la actitud de Antonio, pero no estaba dispuesta a escucharlo, ella no era ingenua, tenía la sensación de lo que Antonio quería decirle, y sentía que si lo hacía, todo cambiaría para ambos. Pasaron algunos minutos; después de retocar su maquillaje, alisar su vestido con ambas manos, Cala, salió de la suite, bajo las escaleras, no había nadie cerca, todos esperaban por ella, de pie cerca del altar. La marcha nupcial comenzó, con el ramo de flores de bellos colores, azules y naranjas, Cala camino por el pasillo qué se formaba entre los invitados, este estaba lleno de pétalos, que no opacaban la belleza Cala, con tan solo veinticuatro años de edad, ella estaba lista, un vestido amplio de dos piezas, sin velo, una cola larga de satin con perlas cosidas a mano, en el vestido, Cala daba pasos firmes, un peinado alto, solo estilizaba más su alargado cuello, se notaban sus clavículas, ella era realmente esbelta, y estética, sus ojos enormes de un verde agua, impactaron a todo el qué la miraba por algunos segundos. —Eres preciosa —dijo Antonio al tomarla de las manos. —Y tu estas guapísimo —replicó ella, Antonio era un hombre alto y elegante, su piel blanca y sus labios rojizos contrastaban perfecto, haciendo qué sus prominentes mandíbulas se hicieran notar mucho más varoniles. Todos los presentes se sentaron, la madre de Antonio y la mejor amiga de Cala, estaban de pie, a los costados respectivamente. El sacerdote comenzó la plegaria, que daba inicio a la ceremonia, tres hombres de mediana edad tocaban instrumentos de cuerda, para amenizar las ceremonia, Cala miro atrás un momento, él reflejo del mar propagó el último destello del sol, desde la altura del risco, ella sonrió, y todo cambió, el aire se espesó, como si una neblina densa invadiera el lugar. —Todos al suelo —gritó un hombre. Otro más replicó, y de un momento a otro varios tal vez algunos treinta hombres de traje, invadieron el lugar con armas largas, comenzaron a disparar, las copas y los alimentos que estaban sobre las mesas, volaron por los aires, los gritos no se hicieron esperar, la gente comenzó a correr, tardaron de escapar de ocultarse, pero era inútil, todos en el lugar, estaban rodeados. Cala, se tiró al suelo, lo mismo hizo Lía, la mejor amiga de Cala. Antonio cubrió a Estela, su madre y comenzó a disparar, pero era inútil, no sabía realmente a donde apuntar, otros más sacaron sus armas, eran aliados de Antonio, al menos unos diez. —Cala, perdóname —dijo Antonio, y se puso de pie, Estela, levantó la mano, intentaba reunirse con Cala, ambas junto con Lía, se escabulleron de bajo de la mesa del altar, entre telas y tacones incómodos, saltaron detrás de este cayendo entre rosales blancos. Cala apretó los labios al ver que sus manos sangraban, las espinas la habían lastimado ella intentaba gritar, pero la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo se lo prohibía.. —Cala debemos irnos —ordenó Estela, se puso de pie y corrió de prisa, buscaba llegar al hotel, Lía también logró ponerse de pie, intentó ayudar a Cala, pero parecía inútil, su vestido le impedía moverse, cuando notó el color rojo qué manchaba su hermoso y amplio vestido. —Corre, llama a la policía —ordenó Cala, su amiga asintió con la cabeza, y a hurtadillas corrió detrás de Estela. —Antonio Toscano, eres muy escurridizo —escuchó Cala, la voz de aquel hombre era notoriamente más grave que la de Antonio, o que la de cualquier hombre que ella jamás hubiera escuchado. Los disparos continuaron después de aquella pausa, todo se torno en estruendos, Cala bajó la cabeza, puso sus manos detrás de su nuca, escucho algunos pasos, y lo pudo ver, Antonio estaba a su lado, no tan cerca para que ella pudiera tocarlo. —Antonio —dijo ella. —Cala, volveré por ti —soltó él. Cala no supo qué hacer, se quedó ahí ensimismada, todo pasaba tan rápido, no tenía idea, de quien había mencionado el nombre de Antonio, y mucho menos comprendía por que él huía, dejándola ahí después de haberla visto. Las lágrimas de Cala no se hicieron esperar, en ese momento supo que su boda había terminado, en ese momento se dio cuenta de que aquella historia en su cabeza, estaba siendo quemada, página por página. —Blake aquí —dijo alguien, Cala reaccionó a la voz, pero fue demasiado tarde, el hombre que había anunciado a Cala, la tomó de los cabellos, ella se sujeto de las manos del tipo que comenzaba a lastimarla, hasta que ella al fin se puso de pie. —Que tenemos aquí, el cobarde de Antonio fue capaz de dejar a la novia detrás del altar —era la misma voz, que había nombrado a Antonio segundos atrás, Cala estaba aterrada, intentaba no solo comprender lo que ocurría, miraba a todos lados, pensando en escapar. Supo entonces que era imposible, "voy a morir". . Cala levantó la mirada, respiró con profundidad, su pecho incluso se levantó y ella cerró los ojos, apretó los labios, cuando él hombre que la sostenía, hundió un arma corta en su mejilla. —¿Cual es tu nombre? —dijo el hombre frente a ella. Cala no dijo ni una palabra, su cuerpo temblaba con desesperación intentaba abrir los ojos pero el temor era más grande, jamás había imaginado lo que vivía en ese momento, y solo pensaba, en que ocurriera lo peor. —Dije, ¿cual es tu nombre? —preguntó de nuevo el hombre de voz inquietante y rasposa. —¿No escuchas? —dijo el tipo que la sostenía, encajó aún más el arma en su mejilla, Cala abrió los ojos, sus lágrimas corrían y en ese instante, el hombre frente a ella, levantó la mano, y con un simple ademán el violento hombre retiró el arma de la mejilla de Cala. —Cala —dijo al ver que el hombre frente a ella, le había concedido algo de piedad. —Suéltala —ordenó el hombre que había preguntado, y en un segundo Cala parecía estar libre. —Me disculpo, por arruinar tu boda —dijo él, pero Antonio necesita una lección —la voz grave e intensa del hombre, recorrió la piel de Cala, como una corriente eléctrica, diminuta pero lo suficientemente agresiva para que ella sintiera la descarga por todo su cuerpo. Los disparos continuaban, gritos desgarradores y el sonido de los cristales, siendo destrozados, por los hombres y mujeres que aún intentaban salvar sus vidas. —¿Antonio? —preguntó ella. —Si Antonio, el muy maldito parece tener suerte —replicó él, acercándose un poco. —¿Qué quieres? —preguntó Cala, con firmeza aunque por dentro, estaba a punto de quebrarse, las manos de punzaban y pequeñas gotas de sangre, no solo manchaba el vestido, también caían sobre ellos pétalos de las flores. —Bueno, tal parece que no es obvio, su vida —dijo él, con frialdad. Cala, contuvo la respiración cuando el hombre se acercó a ella, un silencio detuvo el tiempo, ella pensó en ese momento que no había visto ojos más azules, como los del hombre que en ese momento, tomaba uno de sus mechones de cabello. —Parece que Antonio se fue, ¿no es así? —dijo él. —Acaso, ¿te dejo aquí, sin protección? —preguntó él. —Bueno estamos en su territorio, él tal vez debería volver con cientos de hombres y tratar de matarme —. —Por favor, no sé de que estás hablando, déjame ir —dijo Cala, mirando fijamente al hombre de ojos azules. Él la miró, y por un segundo los ojos verdes de Cala, le quitaron el aliento. —Eres muy hermosa —sonrió, pero su sonrisa era inquietante —, tengo una idea mejor —dijo él. —Blake vámonos el muy maldito se escapó —dijo alguien detrás de Blake, Cala al fin le dio un nombre al hombre frente a ella. —Reúnelos a todos, vámonos de aquí —Blake miró a Cala, fijamente; como si quisiera, recordar el color de sus ojos, por mucho más tiempo. "Gracias Dios",, pensó ella. —Cala, ¿cierto? —cuestionó, y lamió la comisura de su boca. —Si —. —Bueno, ya oíste, vámonos —soltó él, la tomó de la cintura, y como un liviano costal de arroz, la cargó sobre su hombro, Cala pataleó y gritó incluso golpeó a Blake, pero poco a poco las fuerzas de Cala se apagaron y la desesperanza la envolvió, poco a poco ella se rindió, Blake caminó por aquella pasarela llena de pétalos de rosas, con Cala sobre su hombro, ella gritaba y lloraba sin control, y con tristeza vio en lo que se había convertido su boda, una que no se realizó. —Porfavor dejame ir —dijo sin un ápice de esperanza. —Eres ahora mi carnada —dijo Blake al subirla a la camioneta ella lo miró a los ojos, y trato de arrinconarse hasta el fondo del asiento —, o tal vez seas mi premio. Vámonos —ordenó Blake, y más de diez camionetas negras blindadas, aceleraron avanzando en caravana. Cala había sido raptada, mientras ella pensaba en las palabras de promesa hechas por Antonio “ volveré por ti”.
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