Su voz, su maldita e inconfundible voz me cala hasta los más hondo de mis huesos y un escalofrió me recorre el cuerpo entero, porque su presencia aquí significa solo problemas. Además, que no pensaba verlo, no a él, al menos. Verlo aquí frente a mí, con esa sonrisa torcida, pero con un rostro demente, es bastante inquietante. No quiero ni pensar que es lo que tiene en la mente, por que se que no son cosas buenas. - De verdad que extrañaba verte muñeca, estas cada día más hermosa – suelta con una voz que no me gusta para nada. Lando se posiciona frente a mi protegiéndome, Sean hace lo mismo sin dejar de apuntar en su dirección. No digo nada, me quedo muda y aunque quisiera decirle algo, creo que solo empeoraría las cosas, por que lo que tengo para decirle no es nada de bonito. -

