Dieciséis años después Dominick comenzó a subir las escaleras del pórtico de su hogar. El día laboral fue demasiado extenuante para él, de hecho, tendría que salir de viaje al día siguiente, a Valerie no le iba a gustar mucho esa noticia, porque los fines de semana eran los únicos momentos en los que podían estar juntos como una familia. Además, ya tenían acordado que irían a visitar a su madre el sábado por la mañana. Sin embargo, no podría suspender su viaje de negocios, porque había una emergencia en una de las sucursales que se encontraban en Rocae. Con un suspiro de derrota, abrió la puerta de su casa, anunciando que papá, ya había llegado. —¡Papi! — grito Millie, su hija menor, lanzándose a sus brazos. —Princesa de chocolate, — respondió él, mientras cargaba a su hija
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