Skye —¿Dónde está papá? No podía ignorar el tono preocupado de Blue por la ausencia de su padre, aunque quisiera, porque esos enormes ojos azules casi me rompieron el corazón. Volví a mirar el reloj. Pasaban de las nueve y Martin aún no estaba en casa, lo cual no era propio de él, y peor aún, no había llamado. De hecho, no había llamado en todo el día, lo que yo había interpretado con arrogancia como que por fin confiaba en que podía hacer mi trabajo. Pero ahora no podía negar que muy probablemente algo andaba realmente mal. —No estoy segura, Blue. —Él siempre me dice buenas noches —se quejó, con el labio temblándole. Él no solo le decía buenas noches. Martin solía arroparla, leerle un cuento antes de darle un beso de buenas noches y desearle dulces sueños. Piensa rápido, Skye. Tenía

