Martin No debí haber besado a la niñera. Ese pensamiento dio vueltas sin cesar en mi mente durante una noche de insomnio que finalmente terminó justo cuando las primeras luces del amanecer pintaban el cielo. Fue un error seguirla, mirar esos labios tan llenos mientras me decía que la molestaba tanto como ella me molestaba a mí. Pero cuando cerraba los ojos, lo único que podía ver era cómo sus párpados se cerraban un instante antes de que mis labios se estrellaran contra los suyos. Sabía que era una mala idea seguirla escaleras arriba después de sus comentarios. Debería haberla dejado ir a su cuarto y haberme quedado enojado mientras terminaba mi cena, pero no pude. Y demonios, si no sabía a fuego y sol, con un toque de ese chocolate que había mordisqueado después de cenar. Y mientras me

