Al otro día me sentía notablemente mejor. Eso lo agradecía completamente a los cuidados de Chris. Había estado pendiente de mí todo el día, de cada molestia, de cada mueca. Scott había estado ausente durante el transcurso de las horas, trabajando probablemente. De todas formas, eso me daba más tranquilidad para pensar y reflexionar en lo que iba a hacer hoy. —¿Cuándo podremos volver al salón? —preguntó Chris mientras ambos mirábamos el techo recostados sobre mi cama. Lo miré brevemente y sonreí. Tiempo atrás él me había dicho que extrañaba pintar o fotografiar aunque pasara sólo un día sin hacerlo. Él decía que sin un poco de arte, su día era un completo fiasco. —Yo creo que mañana podré ir —respondí suavemente. Él me miró de vuelta y sonrió. —Te lo cobraré —dijo. —No hay problema, j

