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Las versiones del amor

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Mora siempre sintió que no encajaba. Mientras su familia parecía tener la vida perfecta, ella acumulaba decepciones, sueños incomprendidos y la sensación constante de ser insuficiente. Cuando decide abandonar el camino que otros eligieron para ella y perseguir su verdadera vocación, también se propone dejar atrás un corazón roto.

Stany, en cambio, lleva años sobreviviendo entre las sombras de un pasado que lo persigue. Una tragedia le arrebató sus sueños y lo convenció de que ya no merece volver a ser feliz.

Cuando sus caminos se cruzan, ninguno está preparado para lo que el otro despertará en su interior. Entre encuentros, silencios, heridas sin cerrar y segundas oportunidades, ambos descubrirán que amar no siempre significa olvidar el pasado, sino aprender a convivir con él.

Porque existen muchas versiones del amor: las que nos rompen, las que nos transforman y aquellas que llegan para enseñarnos quiénes somos realmente.

Una historia emotiva sobre el duelo, la identidad, el valor de perseguir los propios sueños y la fuerza de elegir el amor, incluso cuando da miedo.

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Quise dormir para no sufrir, Quise sufrir para no olvidarte, Pero el destino la trajo a mi. . . -Ya lo decidí.- se repitió a sí misma mientras bajaba la escalera de esa casa enorme que sus padres habían remodelado el último año. Sus pasos ni siquiera hacían ruido, el revestimiento era bueno y se distrajo, como solía pasarle. Continuó caminando mientras observaba a su madre concentrada en la pantalla de su laptop revisando números a través de esos anteojos que sólo se atrevía a usar en su casa, ya que no estaba dispuesta a revelarle al mundo su presbicia, aún. Mora arrugó su nariz mientras avanzaba hacia el escritorio dispuesta a revelarle sus intenciones a su madre. No tenía miedo a decepcionarla, no de nuevo, al fin y al cabo en su mente, llevaba una vida haciéndolo. No era la mejor deportista como su padre, no había sido condecorada en el colegio como ella, mucho menos había sido elegida capitana como su hermano. No era que no lo hubiese intentado, de hecho llevaba toda su vida queriendo imitar los pasos de su familia perfecta, justamente por eso se había inscripto en economía, pero después de dos años su paciencia había llegado al límite. Nunca lo había dicho en voz alta, pero odiaba los números. Incluso sabiendo que gracias a ellos llevaban el buen pasar que tenían, no podía tolerarlos. Pasaba sus clases distraída con algún ruido del exterior, o intentando descubrir la marca de la cartera de la profesora o simplemente imaginando que alguno de sus compañeros tenía un secreto increíble y ella lograba descubrirlo. Ese siempre había sido un sueño para ella, convertirse en Gil Grimson, al menos en el de las primeras temporadas, pensó emitiendo una ligera sonrisa que llamó la atención de su madre. -¿Ya terminaste de estudiar, Mori?- la pregunta sonó más a un reproche que a una duda, pero Mora ignoró el tono y asintió con su cabeza. -¿Seguro? ¿No queres que te ayude a practicar? Hay una página muy buena que usaba tu hermano en sus primeros años.- continuó Laura, abriendo la ventana de google al instante. -No, ma, no es necesario.- respondió Mora, odiaba ponerse nerviosa con ella, era su madre, se suponía que podía decirle lo que fuera y aun así la querría. No entendía porque siempre tenía que meditar sus respuestas con ella. Bajó su mirada hacia sus pies enfundados en sus medias de corazones, su pantalón holgado se arrugaba en el extremo inferior porque le quedaba largo, sus tardes de entrenamiento nunca iban a hacerla más alta, pero al menos sus piernas estaban firmes. Se tomó el cabello lacio y castaño para anudarlo con su mano y luego lo liberó de nuevo. Laura volvió a mirarla y sus ojos confesaron la desaprobación, sin embargo, decidió no expresarla y Mora se lo agradeció. -¿Querías decirme algo, Mori?- arrojó en lugar de insistir con el estudio, y Mora maldijo ese instinto maternal que siempre lograba descubrir sus pensamientos. -Si, bueno, eh, en realidad a papá también.- dijo balbuceando mientras cerraba sus puños en ese gesto que siempre le salía en los examen orales. Laura miró su reloj de costosa procedencia y luego volvió a mirarla. -Debe estar por llegar, me dijo que hoy no iba a ir al gimnasio. Pero podes adelantarme a mí si queres. - sugirió con genuino interés. -No, está bien, lo espero.- respondió Mora liberando sus puños, agradecida de contar con unos minutos más para su declaración. -¿Es por Roque? ¿No me digas que quiere volver? Te lo dije, ese chico sólo se confundió, ¿cómo iba a dejarte?- aventuró Laura girando su cabeza con gesto de superioridad. Sin embargo, esta vez su instinto sí le había fallado. Roque había sido el novio de Mora desde el colegio secundario, casi como por inercia se habían visto envueltos en una relación cordial y amena. Compañía por las tardes, aliento en sendos partidos, ya que como ella Roque jugaba al tenis, y besos adolescentes que se habían convertido en una búsqueda inquietante hacia la adultez que parecían haber adquirido años atrás. Y, sin embargo, toda esa cordialidad había desaparecido la tarde en la que sin ningún indicio previo, había decidido que ambos se encontraban en una meseta. ¡Una meseta! Esa era la palabra que había escogido para no confesar que se había aburrido de ella. Sin gritos, sin lágrimas, los tres años juntos habían terminado en el pasillo de los vestuarios del club en el que, para su mala suerte, lo debía seguir cruzando. -No, ma, por supuesto que no quiere volver conmigo y aunque quisiera yo no lo aceptaría.- respondió Mora, ella tenía dignidad, que él pensara que era aburrida no era suficiente para una ruptura, ella había intentado salir más, lo había acompañado a sus entrenamientos, había insistido en festejar sus aniversarios, pero él nunca quería. Si bien le había costado aceptarlo, sabía que lo que los unía no era amor, o al menos era una versión un poco naif del mismo, como si fueran buenos amigos, como si hubieran sido un ensayo de lo que venía después. Como no tenía con que compararlo, asumía que el sexo había estado bien, pero la verdad, no tenía ni la menor idea de que pensar ahora, aunque tampoco tenia intensiones de descubrirlo. Luego de varias semanas de llanto y soledad, había decidido que no buscaría hombres por el momento. Si él la creía aburrida iba a dedicarse a dejar de serlo, solo para demostrarle lo equivocado que había estado. Iba a dejar claro lo que se había perdido por una cuestión de orgullo, no porque lo quisiera de vuelta y, sin embargo, él se había encargado de romper sus intenciones al mostrarse en compañía de otra chica que claramente no tenía nada que ver con ella. La imagen de los dos caminando abrazados entre las canchas de tenis había sido difícil de digerir para Mora, ella no tenía esa cabellera rubia, no tenía esos exuberantes pechos y decididamente no caminaba pavoneando sus glúteos de esa manera. El golpe había sido tan certero, que a su decisión se le había sumado la de dejar el tenis. No iba a convertirse en la próxima Sabatini, por lo que no tenía sentido seguir intentándolo. -¿Por qué? Era tan buen chico.- La voz de Laura la sacó de sus pensamientos y los deseos de cambiar esa opinión en su madre casi la llevan a gritarle lo mal que se había portado al ignorarla en el club, pero el sonido del portón anunciando la llegada de su padre, la salvó del exabrupto. -Ya llegó papá.- dijo en su lugar y sus puños se volvieron a cerrar. -¡Hola, familia!- la voz de Mariano inundó la estancia, a Mora le gustaba escucharlo, tenía una forma muy especial de dirigirse a ella, como si supiera lo que sentía, como si hubiera descubierto esa sensación de no encajar con la que cargaba. -Hola, amor, Mori quería decirnos algo, llegaste justo a tiempo.- le anunció Laura dándole un corto beso en los labios, que le recordó otro de los motivos por los que se sentía la oveja negra de la familia, ella no se creía capaz de conseguir un amor como el de sus padres, había quedado demostrado cuando el hombre que había elegido acababa de dejarla por aburrirse con ella. -Ya lo decidí.- dijo con firmeza recordando el discurso que había ensayado en su cuarto. -Voy a dejar la facultad. Quiero estudiar criminología.- arrojó olvidando el resto de los argumentos. En ese momento la puerta volvió a abrirse, su hermano Leo entró dejando caer el bolso de entrenamiento a su lado. -¡Saluden al nuevo Senior de Nike!- dijo con entusiasmo y Mora pudo sentir el contraste en los ojos de sus padres tan intensamente, que su corazón pareció quebrarse un poco dentro de su pecho.

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