Los días posteriores a aquella despedida Mora terminó de confirmar que su forma de pensar no estaba equivocada. Estaba condenada a no ser suficiente. Ni siquiera había logrado aprobar el final que debía, aunque creía conocer los términos y las definiciones la mirada acusadora de aquel profesor pudo con ella. Su mente se había puesto en blanco y un balbuceo sin sentido se había convertido en razón suficiente para darle el gusto de reprobarla. Sus amigas la habían llenado de dulces, baladas de los ochenta y como si tuvieran una especie de guardia, habían planeado quedarse a dormir con ella. Sin embargo, sin bien estaba agradecida, luego del último golpe académico, solo hubo un lugar en el que quiso intentar sanar. -Mori, come un poco más, casi no probaste la carne.- le dijo su madre seña

