El Cairo, Egipto Gente corría de un lado para el otro y los invitados comenzaban a llegar. Samanta estaba muerta de nervios, a la vez muy emocionada. Amir se encargaba de colocaba varios ejemplares del libro de Samanta sobre un amplio mesón dispuesto en la parte lateral derecha del salón. Él se había tomado el día libre en la empresa de su padre, para dedicarse a ayudar a su esposa en ese día tan especial. Charlotte, quien llegó el día anterior, era la encargada de ayudar a Samanta como asesora en cuanto al discurso que iba a ofrecer en un par de minutos, además se había convertido en la sombra de la pequeña que correteaba entre las exhibiciones. Todo marchaba según lo planeado. Samanta tuvo que alejarse un poco de tanto bullicio para poder relajarse un poco y calmarse. Llevaba puest

