Horas antes. Dominik le dio un sorbo a su botella de agua y se inclinó un poco para ver por la ventana. A lo lejos pudo ver en todo su esplendor, el Museo Egipcio de El Cairo. A su lado estaba sentado Carlos, quien lo observaba en completo silencio. Ambos acababan de llegar en un vuelo proveniente de Inglaterra, donde tuvieron que hacer escala. En pocas horas, se llevaría a cabo el lanzamiento del nuevo libro de Samanta. Carlos lo sabía porque su amiga lo anunció a través de su cuenta de Twitter. «Tengo una hija con Samanta», pensó Dominik. —¿Van a querer algo más? —Una mujer se acercó a ellos, hablando en fluido ingles. Había reconocido a los hombres como turistas, apenas entraron. Ambos negaron con la cabeza. —Estamos bien. Gracias —dijo Carlos. —Si necesitan algo, díganmelo —co

