—Buenos días, Licenciado Hallagan. ¿Ya tiene lo que te pedí? —Preguntó Dihanna una vez en el despacho del abogado. —Sí, señora Dihanna. ¿Está segura de esto? —No. No estoy segura, pero sé que es lo mejor para todos. No quiero seguir siendo un estorbo para nadie —dijo ella mientras unas lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos. Hallagan le entregó una carpeta, ella la tomó y sin más, salió del despacho de su abogado. Una vez dentro de su coche, dejó la carpeta en el asiento del copiloto y estalló en llanto. Desahogó todo ese dolor, por no ser amada por el hombre que adoraba. Sabía que Dominik nunca se atrevería a dejarla, no porque la amara de verdad, sino porque era su forma de agradecerle tantos años de dedicación y entrega. Sin embargo, ella no quería eso. Ella no quería migajas,

