Sam leyó la carta en voz alta y al terminar dio brincos de alegría. Amir hizo lo mismo mientras la abrazaba. Ambos brincaban como un par de adolescentes. Sam estaba muy entusiasmada. No se lo creía. Un sueño más que se materializaba. Amir la estrechó entre sus brazos y Samanta lo besó con tanta intensidad que lo dejó casi sin aliento. —¡Wow! Debo decirle a los del museo que te escriban más a menudo —Sam lo abrazó con fuerza. —Te amo, te amo, te amo —lo besó otra vez y le rodeó el cuello con sus brazos—. Nada de esto sería posible sin ti. Gracias, mi amor —dijo ella, mirando los ojos verdes de su esposo, quien la rodeó también con sus brazos. —Gracias a ti, por hacerme el hombre más feliz del mundo. Por haberme dado los mejores años de mi vida. Todo esto que has logrado, lo has hecho tú.

