Eran casi las ocho de la noche y Dominik acababa de darse una ducha. Se encontraba muy agotado de haber estado todo el día con Aháva. Estaba sentado en su cama, hablando por Skype con su esposa y su hijo, poniéndose al día de todo lo acontecido en su ausencia. Carlos entró corriendo a la habitación. —De prisa, Dominik. Enciende la televisión —dijo el recién llegado con notable ansiedad. —¿Qué sucede? —Dominik se asustó por la actitud de Carlos. Dejó de lado su portátil, tomó el control remoto de la televisión y lo encendió. No entendía que estaba pasando. —No, no, no —Carlos se llevó las manos a la cabeza. —¿Carlos? ¿Qué está pasando? —¡Por Dios! —Masculló Carlos y cayó de golpe, sentado sobre la cama de Dominik. Lágrimas comenzaron a salir de sus ojos. Dominik sintió que un escalof

