La mañana llegó y lo sorprendió tendido sobre la cama. No había dormido absolutamente nada y tenía los ojos hinchados. —Samanta —susurró y así permaneció gran parte del día, con la mirada perdida y en completo silencio. No lloró más. No tenía sentido que lo hiciera, pues pues lagrimas no revivirían a Samanta. —¿Cuánto tiempo lleva así? —Fue la pregunta de Charlotte, quien tenía varios minutos de haber llegado. Carlos se acercó con una bandeja de comida. —Desde anoche. No ha comido nada ni tampoco ha salido de la cama en todo el día —dijo Carlos, poniendo una bandeja plateada sobre la mesita de noche. —¿Dominik? ¿Me oyes? —Indagó Carlos, poniendo su mano sobre su hombro. Dominik estaba ausente. Respiraba por inercia. Sus ojos estaban rojos y sin ese brillo que lo caracteri

