Los siguientes días fueron los más maravillosos en la vida de Aháva, después de todo lo que sufrió con la pérdida de su madre y su papi Amir, por fin, se sentía feliz y llena de paz. Acabada la semana, el trabajo de Dominik lo esperaba, así que empacaron todo y emprendieron el viaje hacia Múnich donde Aháva conocería al resto de la familia. El avión aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Múnich-Franz Josef Strauss y a Aháva le sudaban las manos. Pensar en que viviría en un lugar que no conocía, la aterró. —¿Lista? —Preguntó Dominik al ver la impaciencia con la que Aháva veía por la ventana del avión—. Te va a encantar Múnich. Ven, es hora de bajar Bajaron del avión y un aire frío envolvió a Aháva, un clima muy distinto al cual estaba acostumbrada, pues el calor de Egipto era insop

