Aháva respiró hondo. Estaba muy nerviosa. «Ayúdame mami», pensó cuando todos se bajaron del coche. El orgulloso padre extendió su mano hacia su hija. —Bienvenida. Esta es la casa de tu abuela —hizo un ademán con la mano, enseñándole la casa. Lo primero que notó Aháva, fue a una mujer, de pie en el umbral de la casa. —Tía Kadol —gritó Abraham y salió corriendo hacia su tía, con los brazos abiertos. —Es mi príncipe precioso. Ven acá, que te voy a comer a besos —el pequeño saltó a los brazos de su tía, quien lo alzó en un fuerte abrazo mientras besuqueaba el rostro del niño. Dominik tomó la mano de Aháva y la condujo hasta la puerta. —Karol —dijo Dominik abrazando a su hermana. —Hola hermanito. Me alegra mucho verte. —Ella es… —Dominik trató de presentarle a la pequeña. —¡Oh por

