—Pe... pe... p... —Sam tartamudeó—. ¿Qué haces aquí? Se supone que deberías estar en… —ella señaló hacia la sala, donde estaba la televisión encendida—. Ganaron y ahora deberías estar en una conferencia de prensa —balbuceó.
Dominik sonrió y la miró directo a los ojos.
—Tienes razón, debería estar allá, pero estoy aquí —soltó una carcajada—. Lo más seguro es que me multen, por lo tanto pienso hacer que valga la pena.
Deseaba verla desde el instante en que se separó de ella. No dejaba de pensar en eso. Se acercó a ella y pasó uno de sus brazos por detrás de su cintura, obligándola a acercarse más a él. Miro sus labios…
—¿Qué estás… —Sam miró a ambos lados. Se sintió abrumada por la cercanía.
Dominik no pudo soportarlo más, y lo hizo. La besó, acallándola en el acto.
Samanta sintió que volaba. Le encantaba ese hombre. No podía dejar de pensar en aquel beso y desear que se repitiera.
Él se aferró a su cuerpecito y poco a poco sus manos fueron ascendiendo hasta que sus dedos se enredaron con la castaña cabellera. Samanta se concentró en cada una de las sensaciones que emanaban de ese beso. Deseaba perderse y encontrarse en su piel, ceder a la pasión y…
…se separó de golpe, con la respiración entrecortada.
—¡Espera! Alguien podría vernos —dijo al percatarse que estaban en la entrada de su casa a pleno día.
—Vamos a algún sitio, lejos de aquí, lejos de todos —solicitó él.
Samanta sabía que era una locura, pero le encantaba esa locura. Estar con Dominik era lo único que deseaba. Charlar, reír, mirarlo, besarlo…
Tomó las llaves de la moto que le prestaron para que escapara de la cafetería, tomó también sus llaves de su casa y salió, halando de un brazo a Dominik.
—Vámonos de aquí —concordó ella, con una sonrisa en los labios.